El Fénix de Hielo (Parte II)

1751 Words
    La fuerte ventisca helaba el rostro de Jean y Mike, quienes iban sobre la osa que subía la colina luchando contra el aire que la empujaba en dirección contraria. A lo lejos se podía divisar la cúspide de la montaña, lugar donde habitaba el ser más feroz del reino, el fénix del hielo. La quijada de Jaen no dejaba de moverse por causa del terrible frío que hacía. Mike cubría su rostro con el brazo, sosteniéndose con solo una mano de Polaris. Al mirar hacia los lados solo se veía nieve y más nieve. Hacia atrás se encontraba la empinada bajada de la que venían. Parecían ser los únicos seres vivos que andaban por aquel lugar. ¿Cuánto tiempo habían estado viajando? Jaen había perdido la cuenta y, muy en el fondo, comenzaba a arrepentirse de haber deseado ir allí. Sus huesos se congelaban y parecían estar subiendo el camino que los llevaría al reino de los cielos.       Finalmente, luego de seis horas de correr y escalar, la osa expulsó un bramido de cansancio. Mike supo que era el momento de dejarla descansar.       –A partir de aquí caminaremos. –Gritó Mike ya que el fuerte viento nevado hacia estruendo–. Polaris, preciosa, puedes regresar. –Y de inmediato la osa volvió al collar de Mike.       –¡El frio es insoportable! –Se quejó el pelimarrón sin dejar de tiritar.       –Casi llegamos.       ¿Cuánto había deseado Jaen escuchar aquellas palabras? Definitivamente demasiado. Continuaron subiendo en contra del viento, deslizándose una y otra vez debido a la gruesa capa de nieve que sostenía el suelo. Finalmente frente a sus ojos se alzaban tres enorme pilares helados con gigantescos orificios que dejaban entrada a la hermosa caverna de hielo.       –Es el hogar del ave. –Explicó el príncipe tragando saliva–. Ya había venido aquí antes.       Sin decir nada, Jaen siguió caminando, dirigiéndose al hueco que se encontraba al nivel del suelo. Mike suspiró, expulsando el frio aliento, y comenzó a caminar tras él. Al entrar a la caverna se sintió un descanso en sus oídos. Bestias congeladas se encontraban en las paredes del lugar. Jaen llegó a cuestionarse si en realidad estaban muertas. Había un método de congelación para mantener los cuerpos en perfecto estado. ¿Acaso el fénix tenía su propio museo?       Sea como fuera su fin la razón por la que estaba allí no era el turismo. Su mano se aferraba a la espada que Mike le había otorgado mirando a todos lados para no ser sorprendido. Volteó su rostro y se dio cuenta de que el príncipe se había acomodado en un rincón, descansando allí. Le hizo señas con la mano de que siguiera.       Entonces estaría solo en eso. Resultaba bastante obvio ya que era su propio esbirro. No debía recibir ayuda. Suspiró mientras daba un par de pasos más hacia el frente. Varios caminos se mostraban frente a él: uno a la izquierda, otro a la derecha, uno hacia arriba, el siguiente hacia abajo y uno frente a él ¿Cuál debía escoger? Tras pensarlo por un momento, Jaen se dirigió al camino del frente. La caverna resultaba ser más hermosa y grande de lo que parecía desde afuera. El brillante hielo lo reflejaba como espejos por todos lados. Sus manos temblaban. No sabía si era por las bajas temperaturas o por los nervios de lo que buscaba, pero sin importar cuanto temor tuviese estaba decidido a encontrar su objetivo y derrotarlo.       El largo camino lo llevó a un amplió lugar, donde podía observar un enorme nido frente a él. El pilar circular estaba hecho en su totalidad de hielo pero carecía de huevos siendo empollados. Definitivamente no estaba allí el fénix.       Repentinamente el eco producido por lo largos túneles trajo un fuerte sonido parecido a un agudo grito. Jaen supo de inmediato que se trataba del ave. Pero aunque la escuchara era imposible saber de dónde provenía el sonido. Rápidamente comenzó a correr de regreso en busca de su objetivo. Un segundo ruido se escuchó, haciendo que Jaen corriera aún más fuerte. Estaba decidido a encontrarla incluso si tenía que buscarla en el fondo de la cueva.       Al llegar al lugar de los múltiples caminos escuchó por tercera vez al ave. ¡Arriba! La fuerte agitación de las alas le demostró a Jaen con seguridad que hacia arriba estaba el fénix. Rápidamente sacó dos de las cuatro dagas que le habían sido otorgadas al culminar su entrenamiento. Dio un salto y clavó una de estas en el cristalino hielo. Los brazos del chico se tensaron al sujetarse fuertemente de esta. Sus músculos sobresalieron. De un impulso se alzó, clavando el segundo con la otra mano. Poco a poco escaló el túnel hasta llegar a un plano. Corrió a través del largo túnel que iba en ascenso siendo movido principalmente por la adrenalina en ligar de la razón.       Otro ruido se escuchó. El túnel llegó a su final. La única salida estaba hacia arriba y esta era el final de la caverna. Los fuertes vientos nevados se podían divisar. Jaen nuevamente tomó sus dagas y escaló el lugar. Alcanzó la cima de la caverna. Una planicie con acantilados por todos sus extremos.       Jaen recordó el cuadro que decoraba los pasillos del palacio de cristal. ¡Era este lugar! Entonces el hombre del cuadro era ¿el Rey Peter? Eso quería decir que el ave que allí estaba… ¡es el fénix! El rey no consiguió derrotarlo. Por eso Mike había estado allí y era la razón por la cual no deseaba permitirle ir allí ¡No podía permitirse fallar! Un cercano sonido aviar se oyó sobre él.     Al alzar su vista pudo verlo ¡Allí estaba su objetivo! Una enorme ave de unos veinte metros de largo con un plumaje azul celeste volaba frente a él. Las gigantescas alas eran de un tono más oscuro, pero no se podía observar el extremo de estas. Su plumaje se desintegraba convirtiéndose en escarcha al final de sus alas. En la cabeza del pájaro se mostraban cuatro plumas diferentes a las demás. Con diversas tonalidades de azul dejaban ver lo que parecía una corona, adornándola de manera espectacular. Las plumas de la cola eran similares a las de su cabeza pero mucho más largas, tales como las de un pavo real, detalles que esta hermosa ave presumía con un juego de diversos tonos de azul, creando un plumaje único. Todo su cuerpo parecía adornado con escarcha. Los ojos iban acomodados en su pequeña cabeza de forma perfecta. Estos eran de color azul real y estaban montados sobre Jaen ¡El fénix de hielo era la criatura más hermosa que el pelimarrón había visto!       –¡¿Un humano?! –La voz del fénix parecía demostrar indignación–. No esperaba que un humano alcanzara mi hogar- su voz era femenina, hermosa, hipnotizante y hacía eco en todo el lugar.       –¿Pu… pu… puedes hablar?                                                                                     ***     Con un fuerte salto Hide consiguió eludir el primer ataque del león. Al pisar el suelo la cola del animal lanzó un mordisco con sus colmillos brillando a la luz del sol. Rápidamente agitó su espada, haciendo que esta retrocediera. No solo debía estar alerta del león, sino también de la serpiente que iba aunada a su cuerpo. El sigiloso animal se movía lentamente, preparando el siguiente ataque que lanzaría. En el primer golpe Hide logró percibir que la velocidad de este monstruo era impresionante. Parecía desvanecerse con el viento. Con su mano libre Hide tomó la segunda espada que guardaba en su cinturón. Con firmeza sostuvo ambas armas y comenzó a correr en dirección al “hijo de la naturaleza”. Fuertes vientos comenzaron a soplar cuando el chico se acercó lo suficiente para a****r y, en un abrir y cerrar de ojos el león se había movido de lugar. Se encontraba detrás de él con su mandíbula abierta, lanzando un mordisco a su descubierta espalda baja. La gema en su anillo brilló, saliendo de su espalda un par de alas con las cuales golpeó al animal. ¿Qué había pasado? ¿En qué momento se había movido? Hide sentía que algo no era normal en este animal.       Scarlet, por su parte, se limitaba a observar, conociendo el secreto detrás de los leones verdes reales. Ella sabía que no podía ayudarlo ni siquiera con datos ya que, si lo hacía, perdería la oportunidad de obtenerlo como esbirro. Debía hacerlo totalmente solo.       Sin pensarlo dos veces el chico se alzó a centímetros del suelo, haciendo uso de sus alas. Agitó estas fuertemente hacia adelante generando una sacudida del viento y dirigiendo este a toda velocidad al león en forma de ondas. La bestia no se movió. Esperó el impacto sin siquiera inmutarse. Cuando las ondas de viento le alcanzaron Hide lo perdió de vista. Movió su cabeza hacia los lados buscándolo cuando sintió un fuerte golpe en la parte trasera de su cabeza. De inmediato fue impulsado al suelo, dando un par de vueltas antes de detenerse. Su cuero cabelludo sangraba por los cortes que las garras habían hecho. Ardía. Dolía como el mismísimo infierno. ¿Qué demonios era aquel ser? ¿Por qué se movía de esa manera?       El león aterrizó en el suelo como todo felino es capaz de hacerlo. Hide se levantó lentamente, sintiendo el fuerte dolor en su cabeza. Perdió el equilibrio pero rápidamente logró recuperar su control. Seguía sin entender qué demonios estaba pasando. ¿Cómo era posible que el pesado león alcanzara una altura incluso mayor a la que él tenía? Sea como sea se le había ocurrido una idea. Sin pensarlo más alzó su brazo en el cual comenzó a brillar el fragmento de la esmeralda.       –¡Ahora veras, león idiota! –Musitó Hide notando su vista un poco nublada.       El viento comenzó a rodear su mano como si de un guante se tratara. El chico imitó el viento mortal que protege el palacio de la ventisca, pero esta era una versión diminuta. Enfundó ambas espadas y se preparó para realizar un ataque cuerpo a cuerpo.       Al ver esto Scarlet se levantó con rostro de preocupación. Sabía que otro golpe de la bestia podía ser mortal. Más aún si esta vez usaba la serpiente que llevaba en su cola. ¿Qué pretendía hacer Hide? Sea como fuera, ella no podía hacer nada para ayudarlo.       –Hide… no mueras… –Siseó mordiendo su labio inferior–. Aun tienes mucho por recorrer.
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