CAPÍTULO 2.

1388 Words
Simone. Las cosas pasaron tan rápido y fue todo una completa mierda porque lo primero que pensé al bajar de mi auto hace días y dedicarme en buscar un buen departamento en este lugar fue que todo iría bien y encontraría algo a mi estilo y sobre todo donde yo estuviera completamente sola, pero las cosas no sucedieron así ya que terminé perdiendo la paciencia, la calma y un poco más de lo que mi jodido carácter escondía. Al estar frente a la puerta del que ahora era mi departamento compartido con el pitufo gruñón y ver toda la facha del lugar pensé que mi habitación tendría una buena, pero me equivoque ya que este pequeño lugar era como la cueva de cualquier asesino en serie. Solté un suspiro y me hice una coleta antes de empezar a mover algunas de las cosas que estaban en este lugar. Los ladridos del perro del que ahora era mi compañero de departamento se hicieron presentes desde la habitación de alado y quizás era lo enojada que me encontraba al no dormir bien estos días y luego tener una habitación en la cual yo tenía que arreglar. Apreté mis puños y dejé que mi jodido carácter saliera a flote y en menos de un minuto ya me encontraba frente a la puerta de la habitación de mi compañero. Toqué dos veces y los ladridos del perro se hicieron presente. ─¿Qué mierda quieres? ─la voz del chico se hizo presente. ─Abre la maldita puerta ─solté. Estaba muy segura que a mi no me correspondía ordenar la habitación ya que yo era su nueva inquilina y le pagaría por mi hospedaje. No viviría de gratis y él como un buen negociante tenía que limpiar y hacer de todo en esa porqueriza antes de dejar que me quedara en ese lugar. Unos pasos se hicieron presentes y luego la puerta fue abierta. El cabello n***o despeinado de Hal estaba frente a mí, no pude evitar descender mi mirada nuevamente por su pecho en donde algunos tatuajes estaban presentes incluyendo un atrapa sueño en su cuello. ─¿Vas a decirme lo que quieres o te quedarás desvistiéndome con la mirada? ─preguntó. Elevé mi cabeza ya que él era muchísimo más alto que yo y me topé con sus ojos azules para después cruzar los brazos frente a mi pecho. ─Tienes que limpiar la habitación ─solté. ─Yo no le haré. Soltó una risita y asintió. ─¿Algo más señorita? ─¿Vas a hacerlo? ─En tus sueños ─trató de cerrar nuevamente la puerta, pero coloqué las palmas de mis manos sobre esta para impedirlo. ─¡Carajo! ─gritó. ─¿Qué buscas? ─¡Que limpies la maldita habitación! ─grité y pude sentir como mi corazón empezaba a latir con fuerza de la ira que se estaba dando paso en mí. ─O conseguiré otro departamento compartido. ─Hazlo ─señaló hacia el pasillo que daba a la puerta principal. ─Me ahorrarías tus gritos de niñita. ─Eres un imbécil ─susurré. ─Gracias por aquí me lo dicen mucho. ─una sonrisa se hizo presente y no pude evitar observar cómo sus colmillos sobrepasaban un poco sus demás dientes. Me di la vuelta y empecé a caminar hacia la habitación para tomar mis maletas y luego salir de esta. Hal recostó su hombre en el umbral de la puerta de su habitación y cruzo sus brazos frente a su pecho dándome una buena vista de sus abdominales, tatuajes e incluso él, pero desvié la mirada y continué con mi camino. Su perro empezó a seguirme en cuanto pasé frente a él y luego pude sentir cuando Hal me tomó de mi brazo izquierdo logrando que me girara hacia él. ─Dame una buena razón para limpiar esa jodida habitación. ─dijo antes de soltar mi brazo. ─Porque seré tu nueva compañera, te pagare y a ti te corresponde darme un buen lugar para vivir. ─dije con voz fría. ─Acepté tus estúpidas reglas y yo no dejé ninguna, lo mínimo que deberías hacer es limpiar esa mierda de habitación que me has dado. ─¿Criticas mi habitación? ─preguntó. ─Te critico a ti por ser un imbécil y un desordenado. Humedeció su labio inferior y se dio la vuelta para empezar a caminar hacia la habitación, escuché el sonido de algunas cosas cayendo al suelo y luego él salió con algunas maderas pasó por mi lado y las apilo frente a la puerta principal para regresar a la habitación. Y así fue como gané nuestra primera batalla. Hal se dedicó en sacar las cosas extrañas que se encontraban en la habitación sin refutar y aunque estaba segura que me estaba ignorando dejé que lo hiciera. Tomé lugar en uno de los sofás y su perro se acostó a mi lado así que me dediqué en pasar una de mis manos por su lomo. Un hermoso Hoski siberiano con un ojo de color azul y otro café. El perro colocó su cabeza sobre mis pies y cerró sus ojos. ─Oye ─llamé a Hal al momento en que entró a la cocina. ─¿Cómo se llama tu perro? Me mantuve esperando el nombre del perro y Hal no me lo dio así que me levanté del sofá y fue hasta la cocina y él se encontraba bebiendo de un vaso. »─¿Vas a decirme el nombre de tu perro? ─pregunté nuevamente. Hal dejó el vaso sobre la isla de la cocina y sus ojos azules dieron a los míos antes de empezar a caminar hasta a mí. Se detuve a casi un metro y pasó una de sus manos por su cabello despeinándolo más de lo que se encontraba. ─Regla dos ─dijo antes de pasar por mi lado. «Nada de meterse en las cosas del otro» Rodé los ojos y lo seguí hasta detenerme frente a la habitación que ahora estaba más limpia y por lo menos se podía caminar mejor que hace minutos. ─Preguntar el nombre de tu perro es algo que quiero saber ya que me parece muy lindo y no lo estaré llamando tu perro y… Hal se encontraba armando la cama y luego se volteó a mí con su típica expresión seria. ¿Es que acaso no sonreía? ─Se llama Darth Vader ─respondió y luego se giro para continuar armando la cama. ─¿Eres fanático de Star Wars? Yo lo soy, mi primer crush fue Hayden Christensen ya que él era Anakyn Skywalker. No respondió. Continuó ignorándome. Rodé los ojos por quinta vez desde que llegué a este lugar y me dediqué en caminar por el largo pasillo. Lo primero en el pasillo era la habitación de Hal, luego seguía la mía, continuaba una puerta de vidrio que llevaba a un balcón que desde la posición en la que me encontraba y podía ver todo muy bien, no imaginaba como se vería desde el pequeño sofá. No se porque, pero me visualicé en ese sofá leyendo alguno de mis libros favoritos o incluso algunos de los manuscritos que tenía que terminan de revisar gracias a mi trabajo. Continué el recorrido y me topé con una puerta en color n***o y en cuanto iba a abrirla la voz de Hal hizo que me sobresaltara en mi lugar. ─¿Tus padres no te enseñaron a ser curiosa? Me giré hacia él y luego observé la puerta y nuevamente a él. ─¿Qué hay en esa habitación? ─pregunté. ─¿Por qué debería decirte? ─Porque te lo estoy pidiendo. Empezó a caminar hasta a mí y se detuvo a casi dos metros, sus ojos estaban sobre mis ojos y luego pasaron a mis labios. ─¿Y porque me lo pides tengo que decirte? ─Sí. Chasqueó la lengua y negó con la cabeza. ─No y ya tienes tu habitación lista puedes arreglarla como gustes y nada de pintar las paredes de rosa. ─No soy una niñita para pintar las paredes de rosa ─contesté. ─Tienes toda la pinta de ser una niñita de papi y mami. ─Y tú de un cabrón ─contrataqué. ─Como digas ─se dio la vuelta para caminar hasta su habitación. ─Cimi digis ─solté con voz infantil. ─Madura ─dijo antes de entrar a su habitación y cerrar la puerta de un portazo. ─Idiota ─susurré y empecé a caminar hacia mi habitación para arreglar todo en ella.
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