—Sí, lo peor de todo era acostarme a dormir y sentir ese dolor en el estómago, pero habría sido peor si no fuera por una vecina que era muy buena. Ella me quería y siempre estaba pendiente de que comiera lo suficiente. Mi papá se gastaba su dinero en alcohol y pocas veces llevaba algo a la casa para comer. Cuando llegaba ebrio, me escondía en mi habitación y sabía que debía quedarme allí si no quería ser lastimada. Mi mamá tenía que soportar sus gritos y golpes una y otra vez. No fue capaz de denunciarlo, le tenía un terror profundo. Julia, la vecina, a pesar de saberlo todo, no se atrevió nunca a poner una denuncia en la policía. Después de todo, es comprensible porque vivía sola en casa y tenía miedo de lo que mi padre pudiera hacer si ella tratara de meterse en eso. —Vaya, al menos alg

