Lucero fue consiente en ese momento del moreno de casi dos metros que estaba con ellos en esa habitación, era grande, y justo ahora estaba cubriendo casi al completo el cuerpo de Felipe, esa imagen la llevo a recordar las veces que Tiago tranquilizo a Dulce, y el miedo la corrió al completo una vez más, no estaba dispuesta a que la historia de sus mejores amigos se repitiera. — La ciudad no es segura para nadie en este momento, si fuera solo Arkady no habría mayores complicaciones, pero Ming vino con su gente… casi todos ellos. — Felipe saco su rostro del fornido pecho del caimán, solo para ver el miedo en los ojos de Lucero. — No, esto no tiene sentido, ¿Por qué me hace esto? Él lo dijo, solo soy una joya que lucir, algo fuera de lo que está acostumbrado a ver a su alrededor… — Creo… q

