Llegaron a su trabajo y cada uno marcho a su lugar, el único que parecía que la pasaba de maravilla era Fabian, y todo por estar rodeado el día entero de mujeres una más hermosa que la otra, maldito suertudo, pensó Carlos. Pero entonces su ojos vieron una melena rubia, la única que podría distinguir en cualquier lugar, al fin lo veía, luego de tantos días, el niño bonito no solo se dejaba ver, sino que estaba allí, caminando junto a sus amigos y eso solo quería decir una cosa. — Trabajaras aquí. — su voz sonaba sorprendida, pero feliz, todos se dieron cuenta de ello y Felipe vio a los lados para asegurarse que esa alegría era por él. — ¿Yo? — se vio obligado a preguntar, ese hombre que solo lo había visto un par de veces no podía demostrar tanta felicidad en su palabras por él. — Discul

