“Por tu confesión, por los testigos aquí presentes, y por el clamor de tu propia manada... el vínculo queda roto.” Gritos ahogados llenaron el salón—algunos horrorizados, en especial los Alfas que se oponían a lo del lazo y la nueva ley de los Omegas. Otros, celebraban—como Kathleen, que gritó un ‘¡sí!’ sin miedo, y Lucien, que sonrió suavemente sin apartar la mirada de mí. También los del Crescent Moon que había entrenado y acompañado en batalla, soltaban el aire con alivio. Un sollozo se atoró en mi pecho, y la respiración se me cortó. Por fin, mi pesadilla estaba por terminar. Era real. Estaba pasando. El Jefe del Consejo volvió a levantar la mano, su voz firme como un juicio. “Alexander de Crescent Moon reconoció haber fallado a su Luna. El vínculo sagrado entre pares repres

