Era la primera vez que veía ese lado despiadado de Lucien. Normalmente escondía sus garras bajo sonrisas, arrogancia y esa actitud de “no me importa nada”. A veces hasta se me olvidaba que él era el Alfa más poderoso de todos. Me acerqué a él para alejarme de Alexander porque necesitaba al más fuerte. Y cómo me trataba… Parecía un perrito fiel. Siempre detrás de mí, siguiéndome a todos lados, cediéndome en todo. Gritarle, discutir... nada le molestaba. Cuando se enojaba era sólo porque yo no me cuidaba lo suficiente. Pero fuera de eso, nunca se metía en mis decisiones, y siempre estaba ahí, apoyándome en silencio. Si mi cuerpo ya no daba más, aparecía y me obligaba a descansar. Me protegía cuando las cosas se salían de control. Por eso a veces olvidaba cuán temido era, por qué t

