Todo estaba en silencio. Lucien respiraba tranquilo a mi lado, y el cuarto olía a sábanas recién cambiadas—seguro las había renovado anoche mientras yo dormía. No era para menos; me había desmayado después de todo lo que hicimos. Ni idea de cómo aguanté toda la maldita jornada pegada a él, y ahora, moverme ya era pedirle demasiado a mi cuerpo. Tenía dolor hasta en los párpados, pero, de alguna manera, pensar que él me cuidó en medio de todo eso me dejaba una sensación cálida en el pecho. Me moví un poco contra su cuerpo y parpadeé con sueño cuando la luz del amanecer se coló por las cortinas. Me di cuenta de que hasta había cambiado mi ropa. Iba a levantarme cuando su brazo se apretó de repente alrededor de mi cintura, atrayéndome hacia él. "¿Despierta?" murmuró, su voz aún carg

