Tres días. Pasamos tres días enteros metidos en este denso bosque. Tres días eternos de ver a Lucien sudar por culpa de la fiebre, de obligarlo a comer y tomar agua, y de dormir a su lado cada noche para compartir calor... aunque, por primera vez, él me había dicho que mejor durmiéramos separados porque no quería contagiarme. Pero tal como él es terco consigo mismo, yo tampoco le hice caso. La mañana del cuarto día, me desperté de golpe y sola. Esa mano que siempre amanecía en mi cintura... había desaparecido. Abrí los ojos despacio. "¿Lucien?" Al no obtener respuesta, me levanté de un salto y salí del refugio improvisado entre las raíces del árbol. La fogata apenas era ceniza gris, pero su olor seguía flotando en el aire. ¿Un enemigo? ¿Se lo llevaron mientras dormía?
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