Leah Stewart Despierto y siento una mejora considerable en mi cuerpo. Las dolencias que antes sentía en mis músculos han disminuido y el dolor de cabeza causado por la fiebre, también. Me desperezo un poco en la cama, porque siento todos mis músculos contraídos, aunque nada comparado con el dolor que antes sentía, creo que la molestia es producto de haberme dormido profundamente y jamás haber cambiado de posición. Froto mi rostro y sobre mis ojos, tratando de alejar de mí este cansancio que me tiene tirada a morir en una cama porque, a decir verdad, aunque sé que tengo responsabilidades y quiero estar con mis bebés, quisiera quedarme en este cómodo colchón y no levantarme por días. «Ni siquiera recuerdo haber cerrado los ojos, no tengo la menor idea de cuándo me quedé dormida». Pestañe

