El viaje en coche fue menos tenso después de aquello y, por suerte, Eli y Dan mantuvieron a Kennedy ocupada. Había estado coloreando unas flores que había dibujado, cuando el ruido de su estómago resonó por todo el coche, ya que no llegamos a almorzar en la cafetería. Al cabo de un par de kilómetros, Gabriel vio un McDonalds y entró en el aparcamiento. Dan saltó primero después de desabrochar el cinturón de seguridad de Kennedy mientras ella lo seguía. Ella se apoyó en el extremo del asiento, extendiendo los brazos hacia Gabriel, que ahora estaba de pie frente a ella, junto a la puerta. Veo que me mira para pedirme permiso, accedí no queriendo faltar al respeto o arruinar una posible relación entre padre e hija. No podía permitir que mis sentimientos se reflejaran en los de Kennedy, ell

