¿AUN, HAY AMOR?

2326 Words
Con el paso de los días, los mensajes de buenos días, o buenas noches, entre los amigos, eran más comunes de lo que ambos, consideraron, y en cuestión de un parpadeó, dos meses pasaron, y ya no solo eran mensajes, preguntando por el día a día, sino, que había más intimidad. Gabriela se sentía cómoda, al interactuar con Ernesto, pues él, era todo aquello que había deseado en sus tiempos más oscuros, no solo era el apoyo emocional, sino el económico que hacía, que ella lo viera como la persona indicada, para abrirse. Así fueron pasando los meses, una oportunidad nacía, y, llegado el momento, el veintiocho de mayo, Gabriela se mudó a Bogotá, al apartamento de su gran amiga Estefania Rosales, donde fue recibida con gran amor, y aunque todo parecía ser perfecto, hubo algo que no encajo con ella, y fue el hecho de que su amiga, se rehusara a que ella trabajara, si algo tenía claro, es que ella no sería una mantenida, así que, contra la voluntad de Estefania, ella comenzó a moverse. Bogotá Colombia, jueves 4 de junio, año 2021 –Apartamento de Estefania rosales —¿Cómo te fue? —Cuestionó Estefania, mientras se tomaba una taza de té. —Nada, siempre es lo mismo, no logro conseguir empleo, a este paso me volveré loca —Amiga, no desesperes, ya encontrarás algo, además, solo llevas dos días, aquí, no todo es tan fácil —Lo sé, pero no quiero ser una carga para ti —No lo eres, sabes que cuentas conmigo, mientras vivamos juntas, no te abandonaré ni a ti, ni a mi Belén —Estefa, no cabe duda, que eres mi ángel protector, ¿Qué haría sin ti? —Gracias a ti, terminé mi carrera, así que no podría dejarte sola, ya cambia esa cara —En serio estoy muy agradecida, por tenerme aquí contigo, pero no pretendas, que haga de como si todo está bien, yo… —Sí, ya sé, no eres una mantenida, tengo muy claro que no eres alguien que se deje derrumbar tan fácilmente —Disculpa por haberte gritado, entiéndeme, no quiero ser una carga —No lo eres, más bien ve a tu cuarto, una sorpresa está esperándote ahí —¿En mi cuarto, y donde está mi nena? —Tranquila, ella está dormida, está en mi cuarto, así que, de seguro, lo amaras. Gabriela entró a su habitación, sin imaginar, quien la esperaba… —¡Tú!, ¿Cómo, cuándo llegaste? —Ella, no pida creer, lo que sus ojos veían, ¿Cómo era posible, que él, estuviera allí? —¡Ey! Primero abrázame —Para Ernesto, el tiempo pasado, no significaba nada, después de todo, amaba a Gabriela—. ¿Bueno, soy o no soy digno, de una caricia? — ¿No entiendo, tú me dijiste? Gabriela estaba totalmente desconcertada, no podía creerlo, era él, era Ernesto —Sí, te dije que llegaría la próxima semana, pero todo lo planee con Estefania, queríamos darte la sorpresa, además, falta poco para el cumpleaños de Belén, así que no me lo podía perder, dime, ¿no te da gusto verme? —Claro que me da gusto verte, solo que… —De cierta forma, se sentía nerviosa e incómoda, pues las cosas habían cambiado, cambiaron, ya no era una simple conversación de amigos, el intercambio de fotos y mensajes eróticos, se volvieron el pan de cada día, y aunque por chat, Gabriela se sentía liberada, estar frente a Ernesto, la congelo —Cariño, ya te lo he dicho mil veces, no sientas vergüenza, para mí sigues siendo hermosa, y no lo olvides, yo llegare hasta donde tú me permitas llegar, ¿está bien? —Sí, yo… —Ernesto, rodeo la cintura de Gabriela —En ese momento Ernesto se acercó a Gabriela, la beso dulcemente, al principio, ella se mostró indecisa, pero con el paso de los minutos, ella se dejó envolver —Espera, estamos en el apartamento de mi amiga, no quiero faltarle el respeto —Te entiendo, aunque ella me dijo, que podía hacer lo que quisiera, y eso haré —¡Un momento!, ¿Qué harás? —Nada, que no te guste —Ernesto se acercó a ella, beso su cuello con sutileza, luego paso su lengua, haciendo, que su cuerpo se estremeciera. —¡Alto, yo…! —No creo, que quieras parra, ¿y si meto mi mano, ahí? —Él recorrió, su entre pierna, y sin más, metió su mano izquierda, dentro de su panty—. ¡Uhmm, esta calientita! —Por favor, no has esto —Gabriela, hacia todo lo posible por contenerse. Pero era tarde. —Lo siento, pero en estos ocho meses, no he tenido más, que calmarme, porque tu figura me enloquece, así que no, no me detendré —Haz, lo que quieras —Dijo ella, mientras la poca cordura que le quedaba, se esfumaba. —Bien —Ernesto, se deshizo de la estorbosa ropa, dejando al descubierto, ese sensual cuerpo que lo embrujaba, a través de las fotos—, ¡Dios!, como añoraba esto—. Él la tumbo en su cama, abrió sus piernas, y si perder tiempo, se prendió en su monte de venus. —¡Ahg…! —Por primera vez, Gabriela, experimentaba un placer inigualable, las caricias de él, la llenaron de locura. Así que ella, gemía en voz baja, mientras hablaba el cabello de Ernesto—, no quiero, que pares—. Exigió ella. —No lo haré, y menos, porque aquí abajo en mi pantalón, hay algo que está por estallar —Te ayudaré, si terminas primero —Ernesto, aumento la velocidad de los movimientos de su lengua, y en cuestión de segundo, las sabanas se mojaron un poco —Lo siento, esto no me había pasado —Gabriela, escondía su rostro, estaba penada y desconcertada a la vez. —Esto es más común de lo que piensas, respondiste ante el placer, así que no debes avergonzarte. Más bien… —Lo sé, dije que te ayudaría con él, pero, no soy muy buena —Lo podemos dejar, para otro momento. Ahora, me ocuparé de algo —Ernesto, hizo que Gabriela se colocara en cuatro, y gentilmente la fue penetrando. Conforme pasaron los segundos, los gemidos de Gabriela, fueron difíciles de controlar, a fuera de la habitación, Estefania, era testigo de cómo la pasión, había atrapado a su amiga. Media hora después —¡Tonto!, ¿Cómo pudiste? —A pesar, de que había disfrutado estar en la gloria, en su interior, Gabriela, se sentía más que apenada. —No podía contenerme más. Tú, eres mi talón de Aquiles, además, si vamos a ser pareja, esto será más de lo normal —¿Seguro, que me deseas como tu mujer? —Gabriela, te he amado desde que estábamos en la universidad, por estúpido, deje que te arrebataran de mí, luego, mis penas me hicieron orillarme a un camino, que no debí tomar —¿Es cierto, sobre eso, te gustaría hablar? —Por supuesto, no debe haber secretos, ¿recuerdas, que en la universidad te conté, sobre la muerte de mi hermana menor, y de cómo mis padres me culparon? —Sí, también sé, que te retiraste de la universidad, dos meses después, de que acepte salir, con la escoria —Bueno, en ese tiempo, me sumergí en vicios, que por poco me matan, llegue hasta Panamá, y allí me rehabilite —Me hubiera gustado, estar ahí —No hay porque lamentarse. Estamos en el ahora, y hay que disfrutarlo, ¿te gustaría, salir a cenar? —Me parece perfecto —Ella, y Ernesto, se dedicaron a hablar, pues hacía más de nueve años, que no se veían, se separaron en la universidad, y cuando se reencontraron, debido al trabajo de Ernesto, él mantenía en constantes viajes, y su último lugar de residencia era Estado Unidos—, el espacio fue perfecto, para que ellos, se contaron, todo aquello, que no se habían dicho—. ¿Así, que si todo sale bien, te irás a Francia? Los ojos de Gabriela, se empañaron un poco. —Sí, si el proyecto es aceptado me iré a Francia por cuatro años —Felicidades, te lo mereces, y te lo aseguro, vendrán más éxitos para ti —¿Por qué noto, cierta tristeza? —¡Triste yo!, para nada, estoy muy feliz por ti —Mujer, te conozco, algo no está bien —Créeme, estoy bien, te lo aseguro —Sé que no es así, por favor dime que pasa —Bien, no quiero que te vayas, sé que si te vas, esta vez será para siempre, ya contento —Gabriela, mírame, dije que me iré a Francia, pero no pienso hacerlo solo, quiero que vengas conmigo —¿Hablas en serio? —Por supuesto, ya no, me daré por vencido, este es mi momento —Perdón, por ser tan egoísta, no quiero que te vayas, pero tampoco estoy segura de poderte corresponder, soy la peor de las mujeres —Jamás vuelvas a decir eso, Gabriela ya debes de saberlo, eres mi todo, sin ti no soy nada, y si, por mi trabajo nos hemos distanciado, yo he tenido a aventuras, y nada más, pero estoy aquí, y vine por ti, no me rendiré ya lo verás. Dada las siete de la noche, el momento de la cena, llegaba. —Amiga, gracias por cuidar a Belén —Tranquila, no me agradezcas, solo ve y pásala bien, disfruta la noche, eso es todo lo que te pido Ernesto y Gabriela, salieron del apartamento de Estefania, tomaron un taxi, y luego se dirigieron al centro de la ciudad —¿Dónde quieres cenar? —Para mí, cualquier lugar está bien —Lo menos, que quiera Gabriela, era parecer pretenciosa —Bien, ¿todavía existe, el restaurante Delicias? —Sí, he oído de ese lugar —Perfecto, ahí iremos En efecto, Ernesto le pidió al conductor del taxi que por favor los dejara en el restaurante Restaurante Delicias, 7:30 Pm —Pasen por aquí, por favor —Después de haber llegado al restaurante, Ernesto y Gabriela fueron atendidos de forma cordial, por uno de los meseros—, ¿Qué desea ordenar la señorita? —Pregunto él, con tono formal. —Yo ordenare, lo mismo que ordene el señor —Aseguro, Gabriela. —Bien, siendo así, joven por favor tráiganos el especial de la noche, y una botella de vino blanco —Como ordene el señor —El joven mesero se retiró para llevar la orden, dejando solos a la pareja. —¡Ya!, ¿Qué tanto me miras? —No sé, es que estás muy hermosa —Deja de piropearme, solo me coloqué un vestido —No es solo un vestido, en verdad, estas hermosas Durante toda la noche, Ernesto se encargó de hace sonreír a Gabriela, pues él estaba dispuesto a hacerla feliz, pero de cierta forma su esfuerzo no sería suficiente —¿A dónde más, te gustaría ir? Ya son las nueve, llévame al apartamento, lo siento, es que me siento incompleta sin Belén —Está bien, vamos entiendo cómo te sientes, desde que ella nació, ella se convirtió en el centro de tu universo, así que no me pidas disculpas Ernesto pagó la cuenta del restaurarte, luego Gabriela y él, procedieron a retirarse del lugar, y aunque la cena fue maravillosa, ellos no contaban con un ingrediente de última hora. Pues al salir del restaurante, Gabriela se topó con… —Vaya, ¿Qué pequeño es el mundo? —¡Tú…! Gabriela, quedo estupefacta —¿Cómo era posible?, debía ser un mal sueño, ¿Por qué el destino se comportaba de esa manera?, no podía ser él, no en ese momento… —, ¿Qué haces aquí?—. Su voz, temblaba —No, ¿Quién es él, y porque estás con él? —Esteven, mantenía la misma altivez que lo cauterizaba. —Eso a ti no te importa, Ernesto vámonos —Eso, vete como la puta que eres. Al oír aquella palabra, Ernesto se devolvió y sin remediar palabra alguna, le propino un fuerte puñetazo a Esteven. —Imbécil, ¿Qué te pasa? —Te enseñaré a respetar a las mujeres —Ernesto, déjalo, no vale la pena, por favor vámonos, Belén, me espera Gabriela, quiera salir de ahí, sus manos sudaban, y su reparación, comenzaba a agitarse. —Bien, vámonos —Eso lárguense, pero escúchame bien, estúpido, recién aparecido, no dejaré que ella y menos mi hija estén contigo, y no pierdas tu tiempo, por su cara, puedo ver que aún me ama, así que volverá a mí, cuando menos lo esperes. Ernesto y Gabriela, tomaron un taxi, con destino al apartamento de Estefania, y al llegar todo se complicó ¿Ahora sí, me dirás quién es ese tipo? —Es… él es Esteven, el padre de Belén, no comprendo que está pasando, ¿Cómo es que él está aquí?, pensé que jamás lo volvería a ver —¡Así, que ese es el bastardo! ¿Dime, es cierto, todavía lo amas?, ¿lo que sucedió esta tarde, no valió la pena?, vamos maldita sea —Ernesto, yo… —Solo contesta, dime, que no fui un reverendo idiota, —La ira, se estaba apoderando de él. —Yo… No sé, en estos momentos, mi corazón… —Ella, era un mar de sensaciones. —Deja así, por tu rostro no hace falta que me respondas, todo me queda claro Gabriela, no pronunciaba ni una sola palabra, el reencuentro con Esteven, la conmociono de tal manera, que su habla, desapareció, por cuestión de minutos. —Vamos, te llevaré de vuelta al apartamento, no soy tan miserable, para dejarte aquí sola Durante el viaje de regreso, el silencio fue el rey notable, y cuando llego el momento de despedirse, por más que Gabriela, quiso detener a Ernesto, ella no lo hizo, pues en el fondo, se sentía miserable. Continuará
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