La rutina de trabajo cambió para Genevieve. Ahora, había otra institutriz en la mansión de la viuda del marqués y ella solo tenía que supervisar su trabajo. Había pasado una semana desde que la anciana la promovió a su nueva posición, aunque no le gustaba ganar dinero tan fácil, no se quejó de nada y aceptó gustosa todos los beneficios que significaba ser la dama de honor de la mujer. Luego de esos días supo muchas cosas del hijo de la marquesa; supo que se casó a temprana edad con la mujer que amaba, también que era un experto jinete y que además le fascinaban los bollos glaseados. Sí, la marquesa viuda estaba muy alegre por el regreso de su hijo, y como no, si habían estado separados por varios años. —Te advierto que tiene un temperamento un poco fuerte… Tú solo ignóralo. —Trata

