–Dante, ¿Podrías ayudarme con el cierre? No quisiera ensuciar el vestido y acabo de ponerme polvos – dijo Emma, tocando a la puerta de la habitación de Dante. En medio de las náuseas, su trabajo con Mathew y Dante, el tiempo había pasado demasiado deprisa para Emma, quien en ese momento se estaba preparando para asistir a la gala de celebración del aniversario de industrias Neville. Aunque sabía que contaba con el apoyo de Dante y a pesar de que su vestido la hacía sentir empoderada, Emma estaba nerviosa, sus manos estaban temblando y sus axilas sudaban. Ella solo esperaba que por lo menos el sudor se detuviera, porque si no, sería el centro de atención de la fiesta y no precisamente por ser la más bella. –Claro que sí, puedes entrar – dijo Dante desde su habitación. Ella abrió la

