Dante se acercó con desconfianza a Valeria, quien estaba fingiendo sentirse desconsolada y triste, no había duda de que Valeria era una excelente actriz y una maestra del engaño cuando necesitaba serlo. La chica lucia triste, compungida e incluso un par de lágrimas se derramaban de forma dramática de sus ojos. Dante la conocía lo suficiente como para saber que no podía confiar en ella ni en su aspecto, mucho menos después de lo que pasó, aun así, esa parte del hombre que seguía enamorado de ella no podía evitar querer ayudarla y quitarle las penas de encima, igual a como solía hacer cuando aún eran pareja y se amaban y prometían amor eterno. –¿Qué haces aquí? ¿No deberías haberte ido hace rato? Valeria sorbió por la nariz, sus pestañas lindas y largas estaban mojadas, ellas las batió u

