–Pero ¿Qué estás diciendo ahora? ¿Acaso te has vuelto completamente loca? –refunfuñó Antonia, mirando a su hija de mala manera. –Lo que escuchaste, mamá, no tengo mucho por explicarte, solo lo que ya he dicho – de forma acelerada, ella sacó las maletas y entonces comenzó a guardar sus cosas dentro. –No puedes dejarme aquí sola – susurró Antonia. Valeria bufó, ese era otro de los puntos que no había tenido en consideración todavía. –Mamá, yo estoy segura de que tu lograrás salir adelante – dijo, poniéndose en pie frente a ella y acariciando sus hombros – tienes esta casa, solo debes conseguir un empleo que te permita costear lo necesario para vivir, solo mientras yo me organizó en otro sitio, cuando tenga un empleo te enviaré dinero mensualmente, no debes preocuparte por eso. Vale

