–¿Por qué no prende esta cosa? – dijo Valeria para sí misma, mientras intentaba encontrar la forma de hacer funcionar el viejo tocadiscos que Dante tenía en su sala de estar. La mujer estaba medianamente ebria, se había bebido un poco más de la mitad de toda una botella de vodka y de repente, le habían entrado ganas de escuchar música y de bailar sola a través del salón, que era inmenso. –Es una pena estar sola en un sitio tan bonito y grande como este – dijo con la voz pastosa, como si realmente estuviera hablando con alguien más. Después de pelear un rato contra el tocadiscos, Valeria consiguió que una de sus canciones de jazz favoritos comenzara a sonar, pero, por desgracia, la música no estaba teniendo el efecto que ella esperaba, porque, el estar bailando a solas, solo le record

