–¡Tú tienes que saber dónde está metida ella! Si piensas que voy a creer en tu historia de que no sabes donde esta Valeria, entonces estás muy equivocada – gruñó Ezra, acercándose amenazadoramente a Antonia, que estaba a solas en la casa con él. –Te juro que no sé dónde está – aseguró ella, y es que, aun si supiera donde estaba su hija, Antonia no se atrevería a decírselo a ese hombre. Después de que Valeria hubiera dejado abandonado a Ezra aquella noche en la oficina, el hombre había enloquecido por completo, no precisamente porque necesitara a Valeria para vivir, sino porque la mujer tenía demasiada información y él no podía permitir que aquella información anduviera por ahí como si nada, mucho menos con todo lo que Valeria podría tener en contra de él. –¡Es tu maldita hija! ¿Es qu

