Valeria lo miró con preocupación, realmente ella no estaba deseando irse de aquella habitación. –Déjame quedarme esta noche – pidió – prometo que dormiré en otra habitación, no seré una molestia para ti, tampoco trataré de seducirte en la madrugada, yo solo quiero acompañarte y no dejarte solo. Dante negó con la cabeza, a sabiendas de que aquellas intenciones de la mujer eran guiadas por la culpa y no porque ella fuera precisamente una buena persona. –No, tienes que irte de inmediato, yo estoy bien – su tono de voz fue rudo, tosco, era claro que estaba a la defensiva. Ella se puso en pie, sin embargo, caminó muy despacio, esperando que por alguna mágica razón él la detuviera y la dejara dormir ahí bajo los techos de esa casa que en algún momento tambien fue suya. –Llámame si nece

