–¿A dónde vas? – preguntó Dante con la voz pastosa al ver a Emma levantarse de la cama. –Es hora de ir a la oficina – respondió ella – no quiero llegar tarde, tengo una cita con mi asesor financiero. El hombre se incorporó en la cama y entonces la miró con el ceño fruncido. –¿Realmente estás planeando ir a la oficina hoy? ¿Después de lo que pasó ayer? Emma asintió con la cabeza y se metió en la ducha antes de tener que seguir dándole explicaciones a su esposo. –¡Está mujer está loca! – él se pasó la mano por el rostro, soltó un bufido y se acostó de nuevo en la cama, pensando en cómo iba a hacer para soportar los cambios de humor de Emma y las locuras que se incrementaban a medida que el tiempo pasaba. Él la amaba, pero ella tambien le hacía las cosas demasiado difíciles. Lo qu

