Emma frunció el ceño, cruzó sus brazos sobre su pecho y lo miró fijamente con desconfianza. Aunque no dudaba de la enfermedad de Perséfone, no podía dejar de pensar en que quizá, Dante estaba tramando algo mucho más que simplemente llevarla a su casa con motivos aparentemente inocentes. –A mí no me importaba ir en dos autos diferentes – siseó. –¡Es una ridiculez, mujer! Piensa en el medio ambiente, el calentamiento global, no podemos gastar combustible solo por niñerías. Ella levantó una ceja con indignación – ¿Niñerías? –Si, que no quieras ir conmigo en el mismo auto es una niñería, aún más cuando nos dirigimos al mismo sitio – Dante solo estaba provocándola, él más que nadie sabía lo fácil que caía ella en sus provocaciones. –¡No me trates de niñata! – refunfuñó, metiéndose den

