–¡¿Que?! ¡No! – chilló Mathew, nervioso. –¿Por qué no? Nadie se dará cuenta de que nos fuimos, están tan felices con el evento que no notarán nuestra ausencia – lo provocó, juntándose más a él y bajando disimuladamente su mano al m*****o de su novio. –Rebeca, espera, soy el coanfitrión de esta fiesta, no creo que sea ideal marcharme justo ahora… – suspiró. El hombre estaba tan asustado que de repente, toda la calentura que tenía encima se fue de su cuerpo, y no precisamente porque él y Emma fueran a hacer algo malo en aquella habitación, sino porque en esa ocasión, le iba a ser imposible justificarse frente a Rebeca. –No seas amargado cariño, si pudieras sentir la humedad en mis bragas no me harías rogarte tanto. Mathew aprovechó que Rebeca besó su cuello y entonces buscó con la

