Mientras Emma y Dante disfrutaban de una maravillosa cena, al otro lado de la ciudad, Valeria salía del auto de su padre únicamente para visitar a Ezra, quien estaba estresado y necesitaba desahogarse con ella. En eso se había convertido Valeria, en el juguete s****l de Ezra, y la chica estaba empezando a cansarse de aquella situación, se estaba dando cuenta de lo retorcida que era y de lo mal que estaba, sin embargo, a pesar de todo, seguía sin tener la suficiente fortaleza para mandar a volar a Ezra y forjarse su propio camino. Antes de entrar en el edificio, ella soltó un suspiro, sacó un lápiz labial de color Vinotinto y se lo puso sobre los labios, mirándose al pequeño espejo de mano, mientras se lamentaba por seguir comportándose como la tonta que permitía que su “novio” la dañara.

