El calor se subió a las mejillas de Emma, la vena en su frente se hinchó y quiso tener a Mathew delante de ella para matarlo con sus propias manos si es que acaso era posible. –¡Ese mal nacido! ¿Con que derecho se cree para decir que yo te estoy maltratando? – gruñó Dante. –Esa actitud suya no parece la de una persona muy pacifica – murmuró el policía. Ignorando la pelea estúpida que acababa de formarse entre Dante y el policía, Emma se hizo a un lado y llamó a su amigo. –¿Dime porque diablos denunciaste a Dante? – vociferó en cuanto el hombre respondió – Mathew, quiero que vengas ahora mismo aquí para que arregles esto. –Emma, no permitiré que él te siga haciendo daño – insistió. –¡El único que me está dañando en este momento eres tú, así que por tu propio bien te recomiendo q

