CAPÍTULO 24: EL CABALLO DE TROYA

1427 Words

Tijuana se sentía como una herida abierta que se negaba a cicatrizar. El aire en las colinas era pesado, una amalgama de polvo seco, el olor metálico de la valla fronteriza y el aroma a combustible quemado de los vehículos que esperaban cruzar. En una casa de seguridad de paredes descascaradas, donde el moho dibujaba mapas de traición en las esquinas, Valentina Morales contemplaba el horizonte. Desde su posición, las luces de San Diego brillaban con una intensidad cruel, como un futuro inalcanzable o un pasado que ya no le pertenecía. —La Madrina no va a esperar siempre, Val —dijo Camila, rompiendo el silencio mientras se ajustaba con precisión profesional una funda de pistola en el tobillo—. Su paciencia tiene el grosor de un hilo de seda. Ya nos mandó el mensaje de advertencia a través

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