Capítulo 8. |Falsos|

1107 Words
Al día siguiente, Emiliano apenas se curaba la cruda, el dolor de cabeza y la luz, no ayudaban. Sentado en la mesa rustica del centro de la cocina, comió su tercer plato "levanta muertos" que hacía una de las cocineras de la hacienda. Se llevó su mano a la sien para ejercer presión y aliviar un poco el dolor. —¿Quiere que localice un doctor, señor?—preguntó Ryan del otro lado de la mesa, acababa de desayunar huevos rancheros y frijoles puercos que hacía doña María con pan recién horneado, Ryan estaba enamorado de la comida de la hacienda, nunca había probado algo igual, hasta pensó que pediría frijoles y tortillas de maíz para llevar a Manhattan. —No. —dijo Emiliano. —Quiero que tengas todo mi equipo listo para poder trabajar un par de horas, estoy algo atrasado. —Ryan asintió, era la primera vez que se atrasaba. —Y quiero que...—se escucharon voces venir a la cocina. — ¡Yo no lo hice, patrona! ¡Se lo juro por lo más sagrado! —Alicia se defendió de inmediato, detrás de ella entró Sebastian enojado y decía algo que Emiliano no alcanzó a escuchar. — ¿Entonces que hacías en el baño, Licha?—preguntó Sebastian — ¿Sabes que si entra otra persona puede pensar muy mal de ti?—Alicia estaba enfureciendo, Sebastian la estaba acusando de entrar al baño cuando se iba a bañar y que se le había insinuado, pero era lo contrario, miró a su madre. —Yo le dije que era muy mayor para ella y que me dejara de acosar, madre. —Emiliano al escuchar el tono, sabía de inmediato que estaba mintiendo su hermano, se levantó y todos miraron hacia a él. —Me sorprende que al pasar quince años, aun recuerde el tono que usas cuando mientes. —dijo Emiliano y se cruzó de brazos contra su pecho después le sonrió hacia Sebastian quien arrugó su ceño, luego presionó sus labios con fuerza. —No te metas, Emiliano. —espetó Sebastian y luego miró hacia su madre. —Deberías de correr a Licha. Además, también se la lleva en la habitación de él, —señaló a Emiliano. —Antier estaba con él, incluso sé que ella fue quien desnudó a tu hijo. —el tono que usó para acusar a Licha de eso, le hizo enfurecer. —La señorita me ayudó por qué vomité en dos ocasiones, ella simplemente me ayudó a limpiarme y a cuidar de mí, me fue mal, de no ser por ella, pude ahogarme en mi propio vómito. —miró a su madre. — ¿Qué es lo que traen contra ella? Solo estaba haciendo su trabajo. Además, —miró hacia Sebastian. — ¿Acosarte a ti?—sonó sarcástico, Sebastian empezó a destellar por la mirada, ira. —Soy más joven y atractivo que tú, sería a mí a quien podría acosar, tú ya estás viejo y mira cómo estás, todo mal vestido y apuesto a que ni te has bañado desde el día del bar. —Sebastian iba a hablar pero ninguna palabra salió de su boca. —Ya, ya, ya, tengo muchas cosas que hacer, mañana llega el abogado para la lectura del testamento y hay que hacer pendientes, —doña María miró a Sebastian. —Qué sea la última vez que molestas a Alicia. Ella no se irá de la casa por nadie, ni levantando falsos como eso de acoso, por Dios Sebastian, ya tienes edad como para andar con eso. —miró a Alicia. —Tú, si ves que cualquiera de mis tres hijos te dice de cosas, ven a mí directamente. —ella asintió. —Y tráeme lo que te he pedido hace rato atrás. —Alicia asintió y salió de la cocina. —No puedo creer que hagas esto. —doña María tomó el tapete de bambú que estaba en la mesa, lo enrolló y golpeó a Sebastian. — ¡Sígueme avergonzando! ¿Ahora ella te acosó? ¡Por Dios santo, Sebastian! Deberías de ponerte a trabajar y dejar de andar de holgazán por toda la casa inventando historias, o haz algo como Leo y Emiliano, pero muévete, cabrón. —no dijo nada Sebastian y se marchó dejando a su madre enojada. —No sé qué haré con él. Moriré yo un día, y él seguirá siendo un inútil. —murmuró doña María pero Emiliano había escuchado perfectamente. Ryan salió de la cocina para darles privacidad, ella miró a su hijo que regresó a su silla. — ¿Y tú? ¿Sigues mejor de tu resaca? —Sí, madre. Gracias por el desayuno. Yo solo esperaré la lectura y me regresaré a Estados Unidos. Tengo mucho trabajo en unos proyectos y...—doña María lo interrumpió. — ¿No puedes quedarte y trabajar desde aquí?—preguntó esperanzada de escuchar un "Me quedo" de parte de Emiliano, pero sabía que no sería así, podría jurar que si no hubiera un testamento, desde que lo sepultaron a don Emiliano, él ya hubiera tomado avión y regresado a su vida, pero ahora que eso sucediera, ¿Qué haría con todo ella sola? Los negocios ya no eran tan negocios, hace un par de años todo se había tranquilizado, ya solo estaban viviendo de los negocios que habían creado muchos años atrás. —No puedo, lo sabes. —contestó Emiliano, miró a su madre que estaba preocupada. — ¿Por qué no vendes todo esto y te vas conmigo? —Lo mismo que me dijo tu padre una noche antes de morir. —Emiliano se sorprendió—Él quería dejar de preocuparse, solo vender todo e ir a vivir cerca de ti. —confesó doña María. — ¿En serio eso quería mi padre?—preguntó atónito Emiliano, su madre asintió. —Pero aquí fuimos felices y tengo muchos recuerdos de ustedes. Prefiero quedarme aquí al mando que ha dejado tu padre y seguir hasta que Dios me llame a su lado. —doña María se persignó y miró al cielo. —Sé qué tu padre está esperándome. —Pero aún no, madre. Aún no…—la abrazó y dejó un beso contra su frente. —Una pregunta, —dijo Emiliano. — ¿Por qué has dicho que Alicia no se irá de esta casa aunque levanten falsos? —doña María se tensó, no quería hablar del tema hasta que se leyera el testamento. —Pronto sabrás el motivo. —se levantó de su silla y miró a Emiliano. —Solo puedo decirte que cuando el testamento se lea mañana, todo cambiará...
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