Cuando Abril abrió la puerta del apartamento, el olor a comida llenó su nariz de inmediato. Un aroma cálido, especiado, familiar, que la golpeó directo al estómago y le aflojó un poco la tensión acumulada del día. —Llegaste —dijo Kiara desde la cocina, sin girarse aún. Kiara llevaba una blusa corta que dejaba ver parte del abdomen y unos shorts ajustados que marcaban sus piernas. El cabello n***o lo tenía recogido en un moño desordenado y se movía con soltura frente a la estufa, removiendo una sartén con seguridad. —Te estoy preparando comida mexicana para celebrar tu puesto en esa empresa de prestigio —añadió con entusiasmo—. Ni creas que lo iba a dejar pasar. Abril dejó el bolso sobre la mesa y se quitó los zapatos. —No tenías que molestarte —respondió cansada, apoyándose un segundo

