La sonrisa que antes iluminaba el rostro de Olivia se fue desvaneciendo poco a poco, como si una máscara de porcelana se estuviera agrietando frente a los ojos de todos los presentes. Su semblante, antes triunfante y cargado de una malicia refinada, se volvió mortalmente pálido, y Abril pudo ver desde la distancia cómo sus puños se cerraban con una fuerza tal que los nudillos le temblaban. Era un hecho irrevocable; Alaric no solo la había frenado en seco, sino que había anunciado su compromiso delante de la prensa y de toda la plantilla de Bremer Corporativo como si fuera una verdad absoluta y largamente planeada. Abril sentía que el corazón se le iba a salir del pecho, golpeando contra sus costillas con una frecuencia errática que la mareaba. La protección de Alaric era física, casi tangi

