.:. CHAPTER SEVENTEEN .:.
( DRAGONS )
LA PRIMERA PRUEBA ESTABA cada vez más cerca y no había lugar en el castillo donde no se hablara del torneo.
Y tampoco ayudaba que Rita Skeeter publicara un artículo sobre el Torneo de los tres magos, que resultó ser no tanto un reportaje sobre el Torneo como una biografía de Harry bastante alterada. La mayor parte de la primera página la ocupaba una fotografía de Harry, y el artículo (que continuaba en las páginas segunda, sexta y séptima) no trataba más que de Harry.
Los nombres (mal escritos) de los campeones de Durmstrang y Beauxbatons no aparecían hasta la
última línea del artículo, y a Cedric no se lo mencionaba en ningún lugar.
"Supongo que les debo mi fuerza a mis padres. Sé que estarían orgullosos de mí si pudieran verme en este momento... Sí, algunas noches aún lloro por ellos, no me da vergüenza confesarlo... Sé que no
puedo sufrir ningún daño en el Torneo porque ellos me protegen..."
Lyra había hasta llorado de la risa, pero cualquier rastro de felicidad desaparecio al seguir leyendo el artículo.
"Finalmente, Harry ha hallado el amor en Hogwarts: Colin Creevey, su íntimo amigo, asegura que a Harry raramente se lo ve sin la compañía de Lyra Black (la hija del prófugo, él asesino en masa) que parecer ser una muchacha con un comportamiento violento, creemos que siguiendo los pasos de su padre, pero Colin también nos informa que es una amante de las bestias (como su abuelo, Newt Scamander) y que, como Harry, está entre los mejores estudiantes del colegio"
A Lyra no le hacia ninguna gracia que hablaran mal de su padre y cuando estuvo a punto de ir a buscar a Colin para arreglar el asunto; Hermione la hizo entrar en razón y pudo calmarse.
Ron no les había vuelto a hablar y Lyra con su orgullo no estaba dispuesta nisiquiera a mirarlo durante el castigo de Snape.
Hermione estaba furiosa con los tres. Iba de unos a otro, tratando de conseguir que se volvieran a hablar.
-Yo no fui el que empezó -dijo Harry testarudamente- El problema es suyo.
-Si -apoyó la rubia- ¡Es un tonto! Piensa que Harry y yo planeamos todo, que se disculpe el primero.
Harry seguía sin dominar los encantamientos convocadores y cuando Lyra se los quiso enseñar descubrió que ser paciente no era su fuerte asi que el chico recurrio a Hermione quien pensaba que sería de gran ayuda aprenderse la teoría. En consecuencia, pasaban mucho rato al mediodía escudriñando libros.
Viktor Krum también pasaba mucho tiempo en la biblioteca, y Harry se
preguntaba por qué. Hermione se quejaba a menudo de la presencia de Krum, no porque le molestara, sino por los grupitos de chicas que lo espiaban escondidas tras las estanterías y que con sus risitas no la dejaban concentrarse.
-¡Ni siquiera es guapo! -murmuraba enfadada, observando el perfil de
Krum- ¡Sólo les gusta porque es famoso! Ni se fijarían en él si no supiera hacer el amargo de Rosi.
-El «Amago de Wronski» -dijo Harry.
-Yo tendría que ser famosa -dijo Lyra dejando caer su cara en el libro.
Hermione la miro horrorizada y le saco el libro antes de que lo terminara de arruinar.
-¿Que? -preguntó Harry felíz de que cambiara de tema para no estudiar.
-Si, tu eres famoso por ser el niño que vivió, yo puedo ser famosa por ser la hija de Sirius Black, o la nieta de...
-¡Lyra! -la calló Hermione- Quiero estudiar.
-Que aburrida, mejor me voy con Polito.
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L
OS DÍAS QUE QUEDABAN PARA la primera prueba transcurrieron velozmente.
El sábado antes de la primera prueba dieron permiso a todos los alumnos
de tercero en adelante para que visitaran el pueblo de Hogsmeade.
Hermione le dijo a Harry que le iría bien salir del castillo por un rato, y Harry no necesitó mucha persuasión.
-Pero ¿y Ron? -dijo- ¡No querrás que vayamos con él!
-Ah, bien... -Hermione se ruborizó un poco- Pensé que podríamos quedar con él en Las Tres Escobas...
-No -se opuso Harry rotundamente.
-Ay, Harry, qué estupidez...
-Iré, pero no quedaré con Ron. Me pondré la capa invisible.
-Como quieras... -soltó Hermione- pero me revienta hablar contigo con esa capa puesta. Nunca sé si te estoy mirando o no.
-¿Y yo? -preguntó Lyra indignada- Se supone que yo también estoy enojada con Ron.
-Podemos usar la capa los dos -ofrecio Harry.
La rubia nego.
-No me voy a esconder de él, si no se siente comodo que se vaya -dijo.
Harry se puso la capa invisible, bajó la escalera y marchó a Hogsmeade con Hermione y Lyra.
-Siento que estoy de compras con un fantasma, se siente tan raro pero genial al mismo tiempo -dijo la ojigris cuando salian de Honeydukes comiendo unas enormes chocolatinas rellenas de crema.
Lyra pudo escuchar a Harry reir.
-Vamos, Harry, por favor, quítate la capa sólo un rato. Aquí nadie te va a
molestar -pidió Hermione.
-¿No? -replicó Harry- Vuélvete.
Rita Skeeter y su amigo fotógrafo acababan de salir de la taberna Las Tres Escobas. Cuando se hubieron alejado, Harry comentó:
-Deben de estar alojados en el pueblo. Apuesto a que han venido para presenciar la primera prueba.
-Se ha ido -dijo Hermione, mirando la calle principal a través de Harry- ¿Qué tal si vamos a tomar una cerveza de mantequilla a Las Tres Escobas? Hace un poco de frío, ¿no? ¡No es necesario que hablen con Ron! -añadió irritada, interpretando correctamente su silencio.
-Yo quiero hidromiel -dijo la rubia.
La taberna Las Tres Escobas estaba abarrotada de gente, en especial de
alumnos de Hogwarts que disfrutaban de su tarde libre, pero también de una variedad de magos que difícilmente se veían en otro lugar.
Lyra fue a buscar una mesa junto con Harry mientras Hermione iba por la bebidas.
Lyra puso ver a Ron, que estaba sentado con Fred, George y Lee Jordan.
Hermione se reunió con ellos un momento más tarde, y le metió bajo la capa una cerveza de mantequilla a Harry, para despues sacar su cuaderno en que había llevado el registro de los miembros de P.E.D.D.O.
-No sé, a lo mejor tendría que intentar que la gente del pueblo se afiliara
a la P.E.D.D.O. -dijo Hermione como si pensara en voz alta.
-Bueno -dijo la voz de Harry- ¿Cuándo te vas a hartar de ese rollo de la P.E.D.D.O?
-¡Cuando los elfos domésticos disfruten de un sueldo decente y de condiciones laborales dignas! -le contestó- ¿Saben?, estoy empezando a pensar que ya es hora de emprender acciones más directas. Me pregunto cómo se puede entrar en las cocinas del colegio.
-Oh, yo voy todo el tiempo -dijo Lyra llevándose el vaso a la boca- Esta cerca de la sala común de Hufflepuff, puedo llevarte.
Hermione asintio felíz.
-¡Miren, es Hagrid! -dijo.
De entre la multitud se destacaba la parte de atrás de su enorme cabeza llena de greñas (afortunadamente, había abandonado las coletas). Hagrid se hallaba inclinado, hablando con el profesor Moody.
-Odio a ese viejo infeliz hijo de su...
Y como si la escuchara Moody se dio vuelta inmediatamente para verla y junto con Hagrid se acercaron a la mesa.
-¿Va todo bien, Nix, Hermione? -les preguntó Hagrid en voz alta.
-Hola.
Moody inclinó al llegar.
-Bonita capa, Potter.
-¿Su ojo es capaz de... quiero decir, es usted capaz de...?
-Sí, mi ojo ve a través de las capas invisibles -contestó Moody en voz
baja- Es una cualidad que me ha sido muy útil en varias ocasiones, te lo aseguro -se giro a mirar a la rubia- Y también puedo escuchar bien desde lejos.
-Que información interesante -comento Lyra sin asustarse.
Hagrid también le sonreía a Harry. Éste sabía que Hagrid no lo veía, pero era evidente que Moody le había explicado dónde estaba.
Hagrid se inclinó haciendo también como que leía el cuaderno de la P.E.D.D.O. y le dijo en un susurro tan bajo que sólo pudo oírlo Harry y Lyra que estab a su lado pudo escucharlo.
-Harry, ven a verme a la cabaña esta noche. Ponte la capa. Tu también ven, Nix... te va a encantar. -y luego,
incorporándose, añadió en voz alta- Me alegro de verte, Hermione, Lyra -guiñó un ojo, y se fue. Moody lo siguió.
-¿Para qué querrá que vaya a verlo esta noche? -dijo Harry, muy sorprendido.
-¿Eso te ha dicho? -se extrañó Hermione- Me pregunto qué se trae entre manos. No sé si deberías ir, Harry... -miró a su alrededor nerviosa y luego dijo entre dientes- Podrías llegar tarde a tu cita con Sirius.
-Vamos a ir rapido. Vamos a llegar a tiempo para hablar con papá -dijo Lyra.
-¿A ti también te dijo que vayas? -preguntó Hermione sorprendida.
Lyra asintió feliz.
A las once y media de esa noche, Lyra habia dejado a Apolo durmiendo en su cama mientras bajaba a la sala común para esperar a Harry.
Cuando el chico Potter bajo, puso a Lyra bajo la capa y luego se metio el también.
Los terrenos del colegio estaban envueltos en una oscuridad total. Bajaron por la explanada hacia la luz que brillaba en la cabaña de Hagrid. También el interior del enorme carruaje de Beauxbatons se hallaba iluminado. Mientras llamaron a la puerta de la cabaña, Harry oyó hablar a Madame Maxime dentro de su carruaje.
-¿Son ustdes, Harry, Nix? -susurró Hagrid, abriendo la puerta.
-Sí -respondió Harry y ambos entraron a la cabaña y se sacaron la capa- ¿Por qué nos has hecho venir?
-Tengo algo que mostrarles -repuso Hagrid.
Parecía muy emocionado. Llevaba en el ojal una flor que parecía una alcachofa de las más grandes. Por lo visto, había abandonado el uso de aceite lubricante, pero era evidente que había intentado peinarse, porque en el pelo se veían varias púas del peine rotas.
-¿Que vas a mostrarnos, Hagrid? -preguntó la rubia emocionada.
-Cúbranse con la capa, vengan conmigo y no hablen -les indicó Hagrid- No vamos a llevar a Fang, porque no le gustaría...
-Escucha, Hagrid, no podemos quedarnos mucho... Tenemos que estar en el castillo a la una -informó Harry.
Pero Hagrid no lo escuchaba. Abrió la puerta de la cabaña y se internó en
la oscuridad a zancadas. Ambos Gryffindor lo siguieron y, para su sorpresa, Hagrid los llevaba hacia el carruaje de Beauxbatons.
-¿Que mierda, Hagrid? -preguntó Lyra- Odio a las france...
-¡Shhh! -la calló Hagrid, y llamó tres veces a la puerta que lucía las
varitas doradas cruzadas.
Abrió Madame Maxime. Un chal de seda cubría sus voluminosos hombros.
Al ver a Hagrid, sonrió.
-¡Ah, Hagrid! ¿Ya es la «hoga»?
-«Bon suar» -le dijo Hagrid, dirigiéndole una sonrisa y ofreciéndole la mano para ayudarla a bajar los escalones dorados.
Lyra y Harry compartieron una mirda y tuvieron que guardarse la risa.
-¿Adónde me llevas, Hagrid?
-Esto te gustará -aseguró Hagrid- Merece la pena, confía en mí. Pero no le digas a nadie que te lo he mostrado, ¿eh? Se supone que no puedes verlo.
-Descuida -le dijo Madame Maxime, luciendo sus largas y negras pestañas al parpadear.
Y siguieron caminando. Lyra y Harry los seguían.
Pero entonces, cuando habían avanzado tanto por el perímetro del bosque que ya no se veían ni el castillo ni el lago, Lyra oyó algo. Delante había hombres que gritaban. Luego oyó un bramido ensordecedor...
¡Eran Dragones!
Lyra tomo la mano de Harry con emoción y quiso acercarse un poco más pero el chico no la dejo.
Rugiendo y resoplando, cuatro dragones adultos enormes, se alzaban sobre las patas posteriores dentro de un cercado de gruesas tablas de madera. A quince metros del suelo, las bocas llenas de colmillos lanzaban torrentes de fuego al n***o cielo de la noche. Uno de ellos, de color azul plateado con cuernos largos y afilados, gruñía e intentaba morder a los magos que tenía a sus pies; otro verde se retorcía y daba patadas contra el suelo con toda su fuerza; uno rojo, con un extraño borde de pinchos dorados alrededor de la cara, lanzaba al aire nubes de fuego en forma de hongo; el cuarto, n***o y gigantesco, era el que estaba más próximo a ellos.
Al menos treinta magos, siete u ocho para cada dragón, trataban de controlarlos tirando de unas cadenas enganchadas a los fuertes collares de cuero que les rodeaban el cuello y las patas.
-¡No te acerques, Hagrid! -advirtió un mago desde la valla, tirando de la
cadena- ¡Pueden lanzar fuego a una distancia de seis metros, ya lo sabes! ¡Y a este colacuerno lo he visto echarlo a doce!
-¿No es hermoso? -dijo Hagrid con voz embelesada.
-¡Dios, si! -chilló Lyra y Harry levanto rápidamente su mano para ponerla en la boca de su amiga.
-¡Es peligroso! -gritó otro mago- ¡Encantamientos aturdidores, cuando cuente tres!
-¡Desmaius! -gritaron al unísono.
Los encantamientos aturdidores salieron disparados en la oscuridad como bengalas y se deshicieron en una lluvia de estrellas al chocar contra la escamosa piel de los dragones.
Luego, muy despacio, se desplomó. Varias toneladas de dragón dieron en el suelo con un golpe que pareció hacer temblar los árboles que había tras ellos.
Los cuidadores de los dragones bajaron las varitas y se acercaron a las derribadas criaturas que estaban a su cargo, cada una de las cuales era del tamaño de un cerro. Se dieron prisa en tensar las cadenas y asegurarlas con estacas de hierro, que clavaron en la tierra utilizando las varitas.
-Obrecio -dijo Lyra aun con la mano de Harry en su boca.
-¿Que? -preguntó Harry en un susurro sacando su mano.
-Dije: pobrecito.
-¿Quieres echar un vistazo más de cerca? -le preguntó Hagrid a Madame Maxime, embriagado de emoción.
Se acercaron hasta la valla, seguidos por Lyra y Harry. En aquel momento se volvió el mago que le había aconsejado a Hagrid que no se acercara, y Lyra descubrió quién era: Charlie Weasley.
-¿Va todo bien, Hagrid? -preguntó, jadeante, acercándose para hablar con él- Ahora no deberían darnos problemas. Les dimos una dosis adormecedora para traerlos, porque pensamos que sería preferible que despertaran en la oscuridad y tranquilidad de la noche, pero ya has visto que no les hizo mucha gracia, ninguna gracia...
-¿De qué razas son, Charlie? -inquirió Hagrid mirando al dragón más cercano, el n***o, con algo parecido a la reverencia.
El animal tenía los ojos entreabiertos, y debajo del arrugado párpado negro
se veía una franja de amarillo brillante.
-Éste es un colacuerno húngaro -explicó Charlie- Por allí hay un galés verde común, que es el más pequeño; un hocicorto sueco, que es el azul plateado, y un bola de fuego c***o, el rojo.
Charlie miro en todas direcciones, parecia buscar a alguien.
-Pense que ibas a traer a Lyra para que mirara un poco -dijo.
Hagrid sonrio pero no dijo nada.
Charlie miró a Madame Maxime, que se alejaba siguiendo el borde de la
empalizada para ir a observar los dragones adormecidos.
-No sabía que la ibas a traer, Hagrid -dijo Charlie, ceñudo- Se supone que los campeones no tienen que saber nada de lo que les va a tocar, y ahora ella se lo dirá a su alumna, ¿no?
-Sólo pensé que le gustaría verlos -Hagrid se encogió de hombros, sin dejar de mirar embelesado a los dragones- Querias que traiga a Nix de todas formas.
-¡Vaya cita romántica, Hagrid! -exclamó Charlie con sorna.
-Cuatro... uno para cada campeón, ¿no? ¿Qué tendrán que hacer?, ¿luchar contra ellos?
-No, sólo burlarlos, según creo -repuso Charlie- Estaremos cerca, por si la cosa se pusiera fea, y tendremos preparados encantamientos extinguidores. Nos pidieron que fueran hembras en período de incubación, no sé por qué... Pero te digo una cosa: no envidio al que le toque el colacuerno.
Harry tiro de la túnica de Lyra en señal de que era tiempo de irse, pero la rubia no se queria ir, se queria quedar viendo a los dragones.
-Vamos, dijiste que querias ver a Sirius -dijo Harry.