Nate Desperté en mi habitación, el aire frío de la ciudad entraba por la ventana, y no porque estuviera abierta. Los cristales rotos dejaban pasar el viento helado, que se colaba por las grietas y rasgaba la cortina vieja y descolorida. Me estremecí bajo las mantas finas y desgastadas que apenas lograban calentarme. El aroma a humedad y moho impregnaba la habitación, mezclándose con el olor metálico de la sangre seca en mis manos. Miré a mi alrededor, los muebles destartalados y las paredes manchadas. Los gritos y golpes de la noche anterior aún resonaban en mis oídos, haciendo eco en mi mente. Me levanté con dificultad, sintiendo cada hematoma y corte en mi cuerpo. Mis piernas temblaban mientras caminaba hacia la pequeña mesa en el rincón, donde una foto enmarcada y rota mostraba a mi

