Lena Desperté en mi cama atrapada entre los brazos de Nate. Su cercanía había calentado mi interior y me había salvado de la desgracia. Con un beso tierno en mi cabeza, abrí los ojos para mirarlo bien. Estaba radiante y muy sexy con el cabello desordenado, sin camiseta, su piel bronceada contrastando con las sábanas blancas. Sonreí, disfrutando de la vista y sintiendo una efímera paz en su presencia. Sin embargo, de repente, la visión de él cayendo sin vida volvió a mi mente y me borró la sonrisa del rostro. El dolor y el miedo me golpearon como una ola, dejándome sin aliento. Nate, siempre perceptivo, notó el cambio en mi expresión. —¿Quieres hablar? —preguntó, tomándome suavemente de la barbilla para que levantara la vista y lo mirara a los ojos. Negué con la cabeza, incapaz de pron

