Khloe se sentía conmovida por todo lo que le estaba contando Evan, era evidente que siempre había soñado con llevar una vida normal. El resto de personas viven en esa condición de normalidad sin percatarse de lo importante que es disfrutar de las cosas sencillas de la vida. El hombre lobo no podía hacer muchas cosas que ante los ojos de los demás no son muy importantes, el simple hecho de salir a un parque a comer algo, disfrutar con amigos, ver una película con alguien más, ir a un buen restaurante o tomar un buen vino, son cosas a las que se acceden sin darle la verdadera importancia que merecen. Todo esto era el sueño anhelado del triste y frustrado hombre, Khloe trató de proponer algunas opciones para que Evan pudiera salir de esa situación, podrían intentar visitar a alguna de las personas que se decía en el condado que tenían poderes mágicos, tal vez con algún ritual podían mejorar su aspecto físico para que se viera como los demás. No obstante, Evan le recordó que en su sangre ya estaba la animalidad del lobo, por muy humano que se viera físicamente a causa de algún tipo de magia, seguiría siendo internamente el mismo, lo que significaba que las personas a su alrededor estaban en grave peligro. Khloe sentía mucha lástima por él, en el fondo sabía que no era malo, pues no podía evitar sus impulsos naturales, no tenía la culpa de que esa maldición se hubiera adherido a él. Al ver su rostro de comprensión y ternura, el hombre lobo se sintió en confianza y decidió continuar con su historia: La noche en que maté a mi padre todo en mi vida cambió, a partir de ese momento solo esperaba el día en que me convirtiera en su legado, todos los días planeaba cómo iba a vivir de esa manera, tendría que alejarme de las pocas personas que quería para no lastimarlas. El cadáver de mi padre lo dejé a la suerte de los depredadores del bosque, al menos quedaría sepultado en lo profundo de otro lobo similar a él, con eso evitaba investigaciones de las autoridades y rituales innecesarios.
Seguí trabajando como lo venía haciendo, aunque ahora la incertidumbre me agobiaba, no sabía en qué momento todo iba a pasar, o si mi vida se convertiría en un simple espejismo de lo que algún día quise ser. Empecé a disminuir mis lazos sociales, hice una pequeña casa de madera muy alejada de todos, allí me la pasaba el tiempo que no tenía que trabajar, trataba de adaptarme a mi triste y nueva normalidad. Todo el dinero que conseguí lo invertí en cosas materiales para mi comodidad, sabía que en el momento menos esperado ya no podría trabajar. Cuando pasé los treinta años empecé a notar los primeros cambios físicos, mi sensación de hambre cada vez se incrementaba más, aunque era de buen comer no solía hacerlo en exceso, pero a partir de ese momento quería acabar con todo lo que estaba en la cocina. Compraba mucha carne para sentirme satisfecho y la dejaba a medio cocinar, me gustaba que cuando la partiera con el tenedor y el cuchillo saliera agua sangre. En ese instante fui perdiendo la noción del tiempo, ya los días se me hacían largos o cortos dependiendo de mi estado de ánimo. No sé en este momento cuántos años tengo, desde ese entonces dejé de contarlos, aunque a veces siento como si no hubiera pasado mucho tiempo. Cuando los rasgos de mi cara empezaron a hacerse más evidentes, como por ejemplo el incremento de pelo en mis mejillas y en la frente, decidí no volver a la ciudad. Me interné por completo en mi casa y empecé a sobrevivir de los animales que podía cazar, lastimosamente el deseo por llenar mi panza pasó luego a interesarse por los humanos, así que también empecé a cazarlos. Ese se volvió mi deporte favorito, incluso me parecía divertido, pero cuando recobraba mi forma humana me arrepentía de todo lo que había hecho, mi consciencia me atormentaba y pensaba en suicidarme para no hacer más daño. Hay una faceta de mí que cuando se convierte en lobo no se puede controlar, aunque no niego que a veces logro tener el control de la situación, como en este momento, no sabes el esfuerzo tan grande que estoy haciendo para no probar tu fresca piel. Con los días el remordimiento iba disminuyendo, ya no me daba lástima atacar a otros, pues, al fin y al cabo, como bien lo decía mi padre, no tenemos la culpa de tener que sobrevivir de forma diferente a los demás. De esa manera justificaba los crímenes que cometía, empecé a disfrutar de mi nueva faceta viviendo al límite, disfrutando cada víctima, el correr de su sangre, su sabor, los gritos de pánico y todo lo que podía brindarme cada ser. La carne de los niños tiene un mejor sabor, su frescura hace que me sienta en el paraíso, por eso son mis víctimas preferidas, aunque son las más escasas en el bosque, los padres ya no los dejan salir a jugar como antes por miedo de no volver a verlos. Eso es lo que soy ahora, si quieres salir corriendo lo entendería perfectamente, aunque te confieso que realmente estoy disfrutando esta confesión, hace mucho tiempo que alguien no me escucha.
En la casa donde vives precisamente ahora he casado a mis mejores víctimas, por eso es que a nadie le gusta irse a vivir a ese lugar, pues los rumores no dan espera y las personas tienen miedo de lo que pueda ocurrir. Se me hizo muy extraño que alguien decidiera hacerlo, la casa llevaba mucho tiempo abandonada, muchas de las víctimas de ahí fueron niños, hombres, mujeres y ancianos de todo tipo. Las autoridades simplemente los reportaban como desaparecidos, pues incluso devoraba sus huesos, no quedaba ni un solo rastro de lo que fueron alguna vez. Sus familiares quedaron tan traumatizados que trataban de advertirle a la mayor cantidad posible de personas el peligro de vivir allí. Me acerqué a tu casa con mucho sigilo por curiosidad, quería saber quiénes eran los valientes que se atrevían a desafiarme, pues así lo sentía, como si yo no valiera nada o me estuvieran perdiendo el miedo. No los ataqué de inmediato porque antes quería saber si se trataba de algún cazador de hombres lobos, pero no, vi que eran una pareja normal, eso me puso aún más confuso. En el día puedes estar segura de que no atacaré, ya te conté sobre el efecto del sol en personas como yo, pero eso no significa que no aproveche cada minuto de la noche para cumplir con mis deseos. Me agradó mucho hablar contigo, pero creo que es mejor que te vayas, estoy empezando a sentir hambre y no quiero que seas mi próxima víctima, me encantó haberte conocido, me hubiera gustado seguir hablando, pero en el momento en que mi animalidad me domine olvidaré que te tengo algo de estima. Creo que la luna tiene mucha interferencia en mi falta de conciencia, cuando está muy brillante y grande pierdo más fácil el control, pero cuando está cubierta por las nubes tengo más dominio sobre mí mismo. En este momento no está tan radiante, pero puede que las nubes se vayan en cualquier momento y regrese su esplendor habitual, lo que provocaría una terrible tragedia.
Khloe entendió su punto de vista, se sentía muy agradecida por toda su sinceridad, pero aún tenía una duda que no la dejaba dormir tranquila. ¿Por qué cuando lo vio en la ventana se veía como un hombre normal? Incluso recordaba que su aspecto era muy atrayente, por unos segundos la distrajo su belleza. Evan estaba confuso, ni siquiera él sabía por qué su cara se veía normal en ese momento, eso nunca le había pasado y menos en la noche, que sale con gran fuerza su animalidad, pero evidentemente era algo que tenía que descubrir, le generaba mucha curiosidad. Khloe se alejó del lugar muy pensativa, Evan hizo lo mismo, pero en dirección opuesta, necesitaba encontrar lo más pronto posible algo para saciar su hambre. Al llegar a casa, la mujer se percató de que su esposo estaba esperándola con las luces prendidas en la sala de la casa, se veía muy alterado, estaba realmente preocupado por su ausencia y no sabía dónde buscarla. El tiempo pasó muy rápido con el hombre lobo, ya eran las tres de la mañana, Khloe no se imaginó que estuviera tan tarde, su esposo tenía razón de estar molesto. Se disculpó con él y le aseguró que se encontraba muy bien, no quería decirle la verdad, sabía que se iba a poner más histérico, a simple vista ella había puesto en riesgo su vida. Solo unos segundos después llegó el sheriff Adam, en cuanto Blake se percató de la desaparición de su esposa lo llamó para que le ayudara a buscarla. Antes de ir a la casa de la pareja, Adam buscó por el bosque a la joven al lado de su colega, tenía la sensación de haberla visto con alguien minutos antes de regresar a casa. Khloe negó la versión del sheriff y se dirigió a su cama, estaba realmente cansada y sin disposición de escuchar reclamos.
El sheriff se quedó hablando con Blake en la sala, contándole que sospechaba que su esposa sabía algo más. A pesar de la oscuridad estaba seguro de haberla visto con un hombre de gran tamaño, de hecho, tenía de testigo a su compañero. Juntos idearon un plan para enterarse de quién se trataba, los tres hombres salieron a cazarlo armados y con determinación. Khloe estaba en la habitación observando cómo se alejaban, aunque trataba no podía dormir, en su cabeza escuchaba aun las palabras de Evan. Su perspectiva había cambiado mucho desde que había sido partícipe de la versión de ese extraño hombre, muchas veces se juzgaban acciones sin tener en cuenta el contexto en el que se daban. Ante los ojos de la sociedad él debía ser eliminado, pero nadie comprendía por todo lo que había pasado, el solo hecho de que no pudiera controlar sus impulsos lo convertía de alguna manera en inocente. Estaba muy emocionada por conocer otras facetas nuevas del universo, sus estudios científicos la habían hecho pensar durante mucho tiempo que todo tenía un orden determinado y que nada se escapaba a las explicaciones científicas. Todas las cosas nuevas que pasaban abrían su perspectiva de mundo, quería saber más de ese misterioso hombre.