Narra Luciana. La vida es corta, ese dicho encajaba bastante bien en ese momento. Había planificado mis sueños y metas, pero no pensé jamás agregar a la lista ser secuestrada por dos lunáticos. No estaba segura de qué hora era. Todavía estaba oscuro. Amanda dejó a un lado el tronco. Su respiración era agitada. Luego salió del lugar. —¿Papá?—susurre, pero nada—.¡Papá!—grite, pero él no se movió. La idea de una persona muerta a pocos centímetros de mí no era nada agradable. A pesar que no fue nunca un buen padre, él era un ser humano, y aunque le había ayudado a Amanda hacer todo esto, no podía odiarlo por completo, al contrario sentía lástima por él. Comencé en ese instante a tener problemas para respirar. Estaba entrando en pánico. Abrí la boca para gritar un maldito asesinato, p

