EL GRAN JUEGO Los dos hombres ya habían almorzado en una sala reservada del pequeño comedor del cuartel y se hallaban en el casino de oficiales contiguo. De la Fontaine había ofrecido beber un coñac a pesar del clima de la región y Alain no podía rehusar. Apenas unos minutos antes había terminado de contar pormenorizadamente las andanzas en la colonia alemana y su superior estaba meditando mientras calentaba el coñac entre sus manos. -Bien.- Dijo De la Fontaine finalmente.-¿Qué es lo que quieres saber? -Por mucho que me he devanado los sesos no encuentro sentido a lo me ha ocurrido en todo este año. -¿A qué te refieres específicamente? -En primer lugar, y siguiendo el razonamiento del capitán Duclós en Madagascar y el hecho de que Westkamp sabía efectivamente mi condición de oficial f

