Prologo

386 Words
Uruguay 2024 El viento soplaba con fuerza sobre las ruinas de la iglesia colonial. Valentina sintió un escalofrío recorrerle la espalda mientras observaba las paredes desgastadas por los siglos. Martín caminaba unos metros delante de ella, fascinado por los detalles arquitectónicos del lugar, pero ella apenas podía escuchar sus palabras. Algo en el ambiente la llamaba, un susurro en el aire, una melodía que parecía provenir de ningún lugar y, al mismo tiempo, de todas partes. —¿Valentina? —preguntó Martín, al notar que se había quedado atrás. —Voy enseguida —respondió, pero su voz sonó distante incluso para ella misma. Avanzó hacia el altar, donde un antiguo órgano se alzaba imponente, cubierto de polvo y musgo. Sus dedos rozaron las teclas amarillentas y, de pronto, la melodía se hizo más fuerte, envolviéndola en un remolino de sensaciones: miedo, curiosidad y algo que no podía describir. —Valentina, no toques nada… —advirtió Martín desde el fondo de la iglesia. Pero ya era tarde. Cuando sus dedos presionaron una tecla, un estruendo llenó el aire, como si las paredes mismas se quebraran. Sintió un tirón en el pecho, como si alguien estuviera arrancándola de su cuerpo, y entonces, todo se desvaneció. Uruguay, 1738 La tierra estaba húmeda bajo su cuerpo cuando despertó, confusa y aturdida. El cielo era diferente, más limpio, más vasto, y el aire tenía un aroma extraño, una mezcla de pólvora y hierba fresca. Antes de que pudiera entender lo que sucedía, una voz grave y autoritaria rompió el silencio: —¿Quién eres y qué haces aquí? Valentina levantó la vista y lo vio. Un hombre alto, de cabello oscuro y mirada intensa, sostenía un mosquete en sus manos. Había algo en su expresión que le advirtió que no era un hombre con quien jugar. —Yo… no sé… —balbuceó, mientras las lágrimas amenazaban con escapar. El hombre entrecerró los ojos, evaluándola. Luego, con un movimiento brusco, la levantó del suelo. —Sea quien seas, esto no es lugar para una mujer sola. Si quieres vivir, haz lo que te digo. Valentina no entendía qué estaba ocurriendo, pero algo en la manera en que él la miraba, como si pudiera ver más allá de su confusión, le hizo saber que su vida estaba a punto de cambiar para siempre
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