Charlotte la rebelde

2157 Words
He llegado a donde nadie me ha invitado solo para pertenecer a un lugar. Soy como una oveja solitaria que busca un rebaño que la acompañe y la proteja, solo quiero ser aceptada por los míos y conocerlos un poco más, saber de su pasado y tal vez formar parte de su futuro. Esos eran mis ideales hasta que conocí a la oveja mayor de los Hikaris, es una anciana de mente tostada que etiqueta a todos los que lleguen de fuera como unos lobos disfrazados de oveja, y yo no soy una loba; quizá sea una oveja que recién ha pecado por dejarse chupar las ubres, pero eso no me hace peligrosa para ningún rebaño. —Madre, es una monja, no la trates de esa forma, sé más respetuosa —Ermac trata de hacerle entender a su madre mientras acaricia su canoso cabello. —¡Dios ha escuchado mis plegarias!, me ha mandado a uno de sus mercenarios para exorcizar a tu hermana —dice la anciana mientras agradece al cielo con sus manos. —Disculpe, señora, «mercenario» es una equivocada y desubicada palabra para usar sobre el nombre de Dios —la corrijo con algo de timidez—. Aparte, las monjas no exorcizamos, eso los hacen algunos sacerdotes. —¡Ves, madre! Deja de hablar paja —le dice Delancis. —Y déjeme decirle que Delancis me parece una buena mujer, no creo que tenga necesidad de exorcizarla —agrego. —No te lo creas mucho, Inocencia. Delancis debe tener un buen par de demonios encima —dice Ermac mientras observa a su hermana de forma divertida. —Ah, ¿sí?... Esos demonios deben ser maricas, porque yo no siento nada sobre mí —deja salir un par de risas. ¿Demonios maricas?... Nunca había escuchado de algo así, ahora que lo pienso..., ¿tal vez algunos demonios estén en el infierno por su homosexualidad?, después de todo, la iglesia católica me enseñó que es un pecado ser así. Ahora me los imagino con cuernos de unicornio, caminando sensualmente y meneando sus colas escarchadas a través de las llamas. —No me refiero a Delancis, sino a la bastarda de Charlotte —aclara la anciana. —Ah, a ella sí —dice Delancis mientras asiente a su madre—. Madre, voy a ir al despacho de mi padre, es que estoy buscando unos documentos. Tu ve a ver que está haciendo Marisol, no quiero que vuelva a romper otra cerámica egipcia. —Mi sobrina es el demonio mismo..., pero ella seria como el demonio de Tasmania de los Looney Tunes —dice Ermac mientras le sonríe a Delancis. —Estoy de acuerdo —Delancis igual le sonríe y luego se retira caminando por donde llegamos—. Nos vemos dentro de un rato. De repente, la anciana se para a un lado mío y se me queda observando con cierto grado de intensidad. —Hermana, por lo menos debería decirme su nombre... ¿María?; ¿Guadalupe?; ¿Magdalena? —pregunta en un tono exigente. La anciana cree que mi nombre debería estar relacionado con la Biblia. —Mi nombre es Inocencia, un placer —respondo dándole la mano para presentarme. —Mi nombre es Murgosia Hikari, pero puede llamarme Doña Murgos —se presenta y luego desvía la mirada hacia donde está su hijo—... Ermac, yo llevaré a Inocencia a su habitación, la hospedaré frente Charlotte para ver si compone, aunque sea un poco, a tu hermana. Tú ve a cuidar a Marisol. —Ok, madre —Ermac le sonríe con gentileza—, justo estaba pensando en esa habitación para Inocencia. —Señora, de verdad, muchas gracias por permitirme quedarme aquí. —Tú solo trata de ayudarme mejorando la conducta atroz que tiene esa niña. Al parecer tengo otra hermana y, por lo que dice Doña Murgos, se trata de una niña rebelde. Espero poder llevarme bien con ella. Voy caminando junto a Doña Murgos por el enorme pasillo de gran altura, es ahora que puedo apreciar unas hermosas pinturas de paisajes naturales que hacen interesante el lugar, es el mismo pasillo por donde llegué junto con Delancis, solo que en ese momento los nervios no me permitieron apreciar toda la decoración. Al llegar al vestíbulo puedo notar que los sirvientes de la casa han levantado el altar y han dejado todo despejado. —Inocencia, voy a subir por mi ascensor privado, es que a mí me rechinan las patas al subir las escaleras… Espérame allá arriba. —¡Está bien! Es increíble, Doña Murgos tiene su propio ascensor, qué fino... Las comodidades de esta mansión son de otro mundo. Voy subiendo por la amplia escalera que está en el centro del vestíbulo, en la parte alta su amplio escalón se divide en dos extremos, yo continúo subiendo por el extremo derecho y, al llegar al segundo piso, veo que Doña Murgos ya me está esperando. —Qué lenta eres, mujer... ¡Ven sígueme! Vamos caminando a través de otro pasillo, aquí hay unas seis puertas, tres de un lado de la pared y otras tres al frente, están distanciadas unos diez metros entre ellas, supongo que son habitaciones enormes. —Esta puerta da a la habitación de nuestro mayordomo Alexis, y la que está enfrente es la habitación de su hermana, su nombre es Florence. Esos dos son los que mantienen el orden en la mansión. Si necesitas algo puedes ir con ellos para que te ayuden. Enseguida, a nuestra espalda, se abre una de las puertas, justo la que está diagonal a la habitación de Alexis. —Doña Mugre..., y esta mujer, ¿quién es? —pregunta una mujer de aproximadamente unos veintidós años, tiene amplios ojos de color marrón, es de altura promedio y no está sola, está acompañada de otra chica casi de su misma edad. —Inocencia, esta mujer irrespetuosa es Charlotte —me dice Doña Murgos ignorando por completo lo que preguntó Charlotte—, quien la acompaña es Florence. —Hola, Inocencia, cualquier cosa que necesites no dudes en buscarme. —Florence es una mujer que irradia mucha amabilidad y educación, juraría que es algo tímida, sus ojos verdes lo reflejan—. Doña Murgos, ya he acomodado a Lottie en su habitación —informa mientras acicala las puntas de su rubio y lacio cabello. —Perfecto. —Inocencia, ¿quieres que te ayude con tus cosas?, así podemos hablar y conocernos mejor —me pregunta Florence. —Eh..., sí, muchas gracias. —¿Por qué nadie me dice quién es esta tal Inocencia y de dónde coño ha salido? —pregunta Charlotte que, por lo que entiendo, también le dicen Lottie. —Inocencia es una de las hermanas de Jesucristo, deberías seguir los ejemplos de ella —le responde Doña Murgos. —¿Hermana de Jesucristo?... Qué bien se ha conservado. ¿Estaba criogenizada o algo así? —pregunta mostrándonos un rostro burlón. —Engendro de Satanás, no seas Imprudente —Doña Murgos se tapa la cara con sus arrugadas manos—... ¡Qué vergüenza, Dios Mío! —se queja y luego voltea a ver a Florence—. Chica, yo mejor me iré a ver qué desastres le hace Marisol a Ermac. —Ok, yo me encargo de Inocencia. Doña Murgo asiente a lo dicho por Florence y luego se aleja por el largo pasillo. Florence parece ser todo lo contrario a Charlotte, es tan pacífica que genera paz, como si tuviera el aura de un ángel; creo que nos llevaremos muy bien. —Inocencia, esta será su habitación —dice Florence mientras le escucho girar la perilla de la puerta que tengo tras mi espalda. Yo doy media vuelta para conocer la habitación que ocuparé y…. —¡Virgen Santísima! Me encuentro entrando en una hermosa e inmensa habitación. En el monasterio teníamos un comedor de este tamaño, incluso, mi habitación era cuatro veces más pequeña que esto. Aquí dentro ya hay muebles instalados, parece que dormiré en una cama queen llena de cojines... Por cierto, nunca he entendido por qué las personas llenan sus camas con tantos cojines; yo solo tengo una cabeza, solo necesito un cojín, pero bueno..., qué importa. —Es raro que esta familia aceptara hospedar a una extraña, por más monja que sea. —No me había dado cuenta de que Lottie también estaba aquí, al buscarla con la mirada me he dado cuenta que está algo disgustada por la situación. Luego de dejar mis maletas a un lado de la cama, regreso mi atención a las chicas, ya dispuesta a contarles toda mi verdad. —He venido a este lugar para conocer a mi padre, solo ayer... —¿Tu padre? —me interrumpe Florence, se ve algo extrañada—. ¿Eres Hija de algún Hikari? —Sí..., mi padre es Gabriel Hikari. Estoy segura que soy tu hermana, Charlotte —le revelo junto con una cálida sonrisa. Lottie se hecha a reir de forma sarcástica. —¡¿De dónde carajos has sacado eso?! ¿Crees que voy a creérmelo? De seguro vienes para robarte la herencia de mi padre, monja ratera. —Lottie, espera, escuchemos que más tiene por decir. Vengan, mejor sentémonos en la cama —propone Florence señalando la cama. Duele en el alma, pero comprendo a Lottie, no he mostrado pruebas ni nada que corrobore mi verdad. Me he deprimido un poco y me he sentado sobre la cama con algo de miedo, temo no poder explicarme bien y que termine siendo rechazada por mi otra hermana. Me fue bien con mi hermana mayor y también quiero llevarme bien con la menor. —Fui expulsada de un monasterio por romper mi voto de castidad. —Eso significa que tuviste sexo con otro chico, ¿verdad? —pregunta Florence con mucha seriedad. —No tuve sexo..., solo fui encontrada en un baño caliente con un chico que intentó violarme y yo no pude resistirme a... —¿Un sacerdote te manoseó?... ¡Eso es muy perturbador! —Lottie también se ve interesada en mi historia. —No, no fue un sacerdote, fue un hombre que fue a hacer unos trabajos de arquitectura en un antiguo convento. Él me encontró desnuda dentro de unas aguas termales e, ignorando mis quejas, entró al agua. —¡Vaya!, qué fuerte. —Sí, era un tipo muy fuerte, puesto que, al resbalarme, me sostuvo con una sola mano y así evitó que me golpeara la cabeza contra las rocas, solo que se aprovechó de eso y me tocó los senos... Así empezó todo. —Estoy por creer que sí eres una Hikari, después de todo, somos muy irresistibles ante los hombres —Lottie se ve muy convencida. Suelto un par de risitas nerviosas. Lo que Lottie acaba de decir me ha dejado un poco incómoda. —Bueno, la cosa es que la Sor que me crio me encontró justo en ese momento, me llevó frente a la hermana superior y luego me expulsaron del monasterio. Ahora hay una orden en espera para aprobar mi retiro como monja. —¿Vas a dejar de ser monja? —me pregunta Florence. —Sí. Y yo si acaso llevo seis días siendo monja. —Bueno, Ino... Puedo llamarte Ino, ¿Verdad? —Sí. ¿Y yo puedo llamarte Lottie? —¡Claro! Y bueno, no te preocupes, que cuando dejes de ser monja organizaré la cogida de tu vida, ya verás. —¿La cogida de mi vida?... ¿Qué se supone que voy a coger?... ¿Mis votos de castidad? Las dos se voltean a ver, soprendidas por mis indagaciion, para luego tirarse con fuertes carcajadas sobre la cama. Nuevamente, no entendí el por qué o dónde está la gracia, si mi pregunta ha sido muy seria... Pero sobre todas las cosas, me alegra que mi hermanita me permitiera llamarla Lottie, se escucha tan tierno..., a pesar de que ella carezca de ternura al ser una chica muy rebelde. Las fuertes carcajadas de mi hermanita podrían escucharse hasta el vestíbulo. —¡Ay, carajo..., mi estómago! —Lottie está roja de tanto reír. —Eh…, bueno..., continuando con mi historia: al día siguiente la hermana Sor Daiputha, o sea, la que me crio, me entregó una hoja con información de mi familia, esa hoja se la entregué a Delancis y, bueno..., supuestamente Ermac va a llevarme a un laboratorio para realizarme unos exámenes de ADN. —Entonces solo queda esperar eso... Bueno, me parece bien. Espero y seamos hermanas, me caíste bien, y aparte eres muy graciosa —dice Lottie mientras se seca las lágrimas de los ojos. Sigo pensado y trato de entender: ¿Qué tiene de gracioso que yo quiera volver a coger mis votos de castidad?; ella dijo que sería la cogida de mi vida y, para mí, volver a conseguir esos votos sería la más grande cogida de mi vida.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD