Sean.
Tantas cosas pasaban por mi cabeza y no podía enfocarme solo en una. Bueno en sí, si me podía enfocar en algo y ese algo era ella.
Esa rubia de infarto que robo mi billetera.
Aún no podía creer que me había llamado anoche para que yo mismo fuera por mi billetera a algún lugar en específico que ella había indicado en la dirección que me envió a mi teléfono.
Al llegar a mi departamento llamé a Monic y ella no dudo en llegar pasada una media hora y terminé follandola sobre la mesa como dios manda, sin contemplaciones, sin rodeos, solo sexo duro, pero todo se debía a que no podía sacarme de la cabeza a la rubia.
Sus labios en mi polla, sus manos apretando mi trasero, sus ojos grises sobre mí.
Todo fue una jodida tortura al momento de abrir mis ojos y toparme con Monic frente a mí.
Así de obsesionado ya estaba.
Solté un suspiro y estacioné el auto frente a un departamento que desde afuera se podía ver que era de gente con clase.
La dirección que me envió la rubia me trajo hasta aquí y no dude ningún segundo en subir a mi auto y conducir casi por dos horas para volver a verla. Ella era de esas chicas de las cuales nunca te cansarías de ver.
Bajé del auto y me dispuse en caminar hacia el departamento al entrar al lobby algunas personas dirigieron su mirada a mí y yo solo continúe mi camino hasta entrar en el ascensor.
Minutos después estaba frente a la puerta de su departamento. Mis manos empezaron a sudar y no tenía idea del porqué, quizás eran los nervios por volver a ver a esa hermosa mujer o quizás era por alguna otra situación.
Pasé una de mis manos por mi cabello castaño y toqué a la puerta esperando su voz al otro lado, pero no llego. Así que volví a tocar y esta vez sentí una pequeña presión en mi pecho en cuanto escuché su voz.
La puerta fue abierta y frente a mi estaba ella.
Dirigí mi mirada desde sus pies ya que se encontraba descalza y subí poco a poco hasta toparme con sus esbeltas piernas. Llevaba unas bragas y una camisa azul abierta revelando el contorno de sus senos, sus labios se encontraban de un color rojo intenso, sus ojos grises dieron a los míos y pude notar que llevaba un cigarro en su mano derecha.
─He venido... ─me aclaré mi garganta tratando de desviar mi mirada de sus senos. ─He venido por mi billetera.
Ella llevó el cigarro a su boca y le dio una calada para después colocar la palma de su mano en el marco de la puerta y regalarme una sonrisa.
─¿Solo has venido por eso lindo? ─sus ojos estudiaron mi cuerpo y luego volvió a mis ojos.
Solté una risita y pasé nuevamente una de mis manos por mi cabello. En definitiva, era un acto de nerviosismo y ella solo lograba ponerme de esa manera.
─No lo sé ─respondí. ─¿Quieres algo más?
Acercó su rostro al mío hasta estar a centímetros de mis labios, llevó nuevamente el cigarro a su boca, le dio una calada y luego soltó el humo en mi boca.
─Pasa lindo, mi departamento es tu departamento ─se dio vuelta y emprendió su caminata hacia uno de sus sofás.
Entré al departamento y tomé el pomo de la puerta para cerrarla y volteé nuevamente a ella apreciando su perfecto trasero en esas bragas.
Tomó asiento en uno de los sofás y cruzó una pierna encima de la otra para después soltar el humo del cigarro y colocarlo en un pequeño vaso con agua logrando que el cigarro se apagará.
Sus ojos dieron a los míos y elevo una de sus cejas para después pasar su pulgar por su labio inferior, humedeció su labios y luego lo mordió.
─Toma asiento, no voy a comerte vivo ─soltó. ─Al menos que así lo desees.
Joder.
Estaba tratando con todo mi buen razonamiento no observar sus piernas hasta llegar a sus bragas y ni hablar del contorno de sus senos, pero ella me lo estaba poniendo muy difícil.
─¿Me darás mi billetera? ─pregunté tratando de enfocarme en sus ojos.
─Puede que sí, puede que no, todo depende de ti señor oficial ─susurró.
─¿Por qué depende mí? ─pregunté sin dejar de observar sus ojos.
─No lo sé, a veces digo cosas que no tienen lógica, pero quiero decirlas ─se levantó del sofá y empezó a caminar hacia a mí.
La jodida cosquilla en mi estómago se hizo presente nuevamente al tenerla de pie frente a mí.
─¿Qué haces? ─pregunté.
Ella se colocó a horcajadas sobre mí y llevó sus manos a mis hombros. Su rostro estaba a centímetros del mío y solo pensaba en tomarla de la nuca y estampar mis labios contra ella y follarla en este mismo sofá.
Una de sus manos empezó a bajar por todo mí pecho hasta detenerla en el dobladillo de mis jeans. Solté un suspiro y cerré mis ojos al sentir sus manos heladas tocar mi piel.
Se acercó a mí oído y susurró; ─Te daré tu billetera... pero será a mi manera.
Coloqué mis manos en su cintura y ella las retiro y negó con la cabeza.
─Pensé que querías...
─Pensaste mal, tú a mí me tocas cuando yo te lo pida ─soltó. ─De menos no.
Levanté mis manos en señal de paz y asentí. ─Bien.
─Así me gusta ─acercó nuevamente su boca a mi oído. ─Que sigan órdenes sin peros.
Empezó a mover sus caderas sobre mí y ya estaba perdido. Era una jodida tortura sentir su intimidad con una jodida tela de por medio y ni hablar de su respiración en mi oído.
─Rubia...
─¿Qué? ¿No te gusta? ─susurró en mi oído.
─Sí... sí me gusta, pero...
Tomó mi barbilla con una de sus manos y arqueó una de sus cejas. ─¿Pero?
─Me dejaras excitado como anoche y no me gusta tocarme solo.
Mostró una sonrisa y unos hoyuelos se hicieron presentes.
Tomó mis manos y las llevó a sus senos logrando que estos quedarán frente a mí y pude apreciar unos piercings en ambos de ellos.
─Tócame, hazlo ─murmuró.
Apreté ambos de sus senos a mi antojo y ella continuó con sus movimientos tortuosos sobre mí.
─Jo... der ─susurré.
Ella colocó sus manos en mis rodillas logrando arquear su espalda y continuó con sus movimientos, sus ojos estaban sobre los míos y ahora mordía su labio inferior logrando excitarme más de la cuenta.
Acercó sus senos a mi rostro y pasé mi lengua por el contorno de uno de ellos, mientras que al otro no dejaba de apretarlo. Su pezón se hizo notar y no dude en terminar de meter su seno en mi boca.
Sus manos llegaron a mi nuca y las adentró en mi cabello y esta vez sus movimientos se intensificaron.
─Tienes dos segundos ─dijo en un susurro.
Saqué su seno de mi boca y dirigí mi mirada a ella. ─¿Dos segundos? ¿Para qué?
─Para que te vayas ─se levantó de mis piernas y caminó hasta la isla de la cocina y me lanzó mi billetera.
─¿Qué? ─fue lo único que salió de mi boca.
─Tienes tu billetera y tu identificación, tus tarjetas de crédito, pero olvídate del dinero lindo ─contestó y empezó a caminar hacia la puerta.
Me levanté del sofá y caminé en dirección a la puerta de igual manera, ella la abrió y no supe que más hacer así que salí y volteé nuevamente a ella.
─Quiero saber tu nombre y donde trabajas ─solté. ─Quiero... quiero volver a verte, salir contigo e incluso conocerte.
Soltó una risita por lo bajo y pasó su lengua por sus dientes frontales antes de chasquear la lengua.
─Hay un problema en todo esto querido Sean ¿Así te llamas cielo? ─su pregunta sonó más a una respuesta para ella misma y supongo que ella ya lo sabía debido a mi identificación.
─Sí, me llamó Sean ─contesté. ─¿Cuál es ese problema?
Recostó su mejilla en la puerta y mordió su labio inferior.
─No juego a las relaciones porque eso es algo que no me interesa, soy una mujer que disfruta de su sexualidad sin pensar en el que dirán y conozco a los chicos como tú y no quiero que termines perdiendo la cabeza por mí ─soltó.
─Entonces podemos salir como lo que quieras, no me importa, solo quiero volver a verte ─respondí.
─Lo pensaré ─respondió. ─Ya tengo tu número así que puedo llamarte.
Ella iba a cerrar la puerta, pero antes de que lo hiciera coloqué mi brazo para que no lo hiciera.
─Sabes cómo me llamo y a que me dedicó ─la observé a los ojos. ─Yo también quiero saber sobre ti.
─Me llamó Belladonna, pero me dicen B y soy Stripper.
Y así sin más cerró la puerta frente a mí dejándome con miles de preguntas en la cabeza y con unas inmensas ganas de follarla. De algo estaba seguro y ese algo era en que Erre como así se hacía llamar, aunque estaba seguro que bajo esa inicial escondía un gran nombre lograría tenerla en mis brazos.