Agnes no tuvo forma de comunicarse con Teodora. Cuando fue a su casa, no había nadie; ni ella ni su suegra. Tampoco respondía las llamadas, el teléfono seguía apagado. Y para colmo, Dorian ni se dignaba a contestarle. ¿Acaso no tenía un maldito descanso libre en la oficina? No le quedó más remedio que encerrarse en casa y esperar. A la preocupación se sumaba la maraña de pensamientos que no podía quitarse de la cabeza. Ese chico… y todo lo que habían hecho. Saber que mañana tendría que volver solo para verlo le provocaba un cosquilleo en el estómago. No sabía cómo tratarlo, tenía miedo de que alguien la descubriera o de levantar sospechas. Abrió sus mensajes una vez más y el corazón se le aceleró. ¿Pensar en él? ¿Cómo no iba a hacerlo si no lograba borrar de su mente la forma en que la

