—Mil gracias, Emma. Colgó y soltó un suspiro de alivio. Puede que Ryan todavía no la quisiera, pero ya lo haría. Estaba convencida de que, una vez casados, se encargaría de conquistarlo; solo tenía que quitarse de encima a Agnes, que era el único estorbo en su vida. *** Agnes se removía en la cama, arqueando las caderas por puro instinto, sin entender muy bien qué pasaba. Sentía un hormigueo eléctrico en el vientre, una presión que crecía como si algo estuviera a punto de estallar ahí abajo. Soltó un gemido corto, frunciendo el ceño entre sueños, hasta que un grito se le escapó al sentir un mordisco suave, justo en la punta del clítoris. Abrió los ojos de golpe, asustada, y se encontró con Ryan instalado entre sus piernas abiertas, devorándola. —¿Qué estás haciendo? —preguntó con la

