El solo pensamiento hizo que su miembrø se levantara, templado y presionara contra el pantalón. Agnes, ajena, estaba distraída mirando por la ventanilla, así que él apartó la mirada para calmarse. No le importaría una mierda si el chófer iba adelante; si seguía mirándola, sería capaz de bajarle las bragas ahí mismo. Pasaron solo unos cuantos minutos de trayecto cuando de pronto el auto se detuvo en una gasolinera sorprendentemente solitaria. Agnes miró a su alrededor, confusa, hasta que vio al chófer bajarse y abrirles la puerta. —¿Qué está pasando? —preguntó justo en el momento en que Ryan salió y le tendió la mano. —Solo baja. Ella lo hizo. El aire fresco le azotó el cabello. Justo en ese instante, otro auto apareció derrapando ligeramente en la carretera: un Rolls-Royce color rojo,

