Las manos le temblaban ligeramente sobre aquella ecografía, invadida por una felicidad inmensa al contemplar a los dos pequeños saludables que se distinguían en la imagen en blanco y n***o. Sin embargo, esa alegría no era completa: el padre de los bebés no había podido estar presente, ni siquiera había respondido a sus llamadas. —¿Crees que sea buena idea, Sabina? —preguntó su madre mientras estacionaba el auto frente a la empresa de su padre—. Sabes cómo es… no quiero que te sientas mal después. —Seguro que con esto se pondrá feliz, madre —la miró con una sonrisa nerviosa—. Saber que estoy embarazada y mostrarle una ecografía de sus nietos es distinto, ¿no crees? La mujer asintió con resignación. No tenía un buen presentimiento, pero aun así decidió concederle ese deseo. Bajaron juntas

