Dafne se tensó de pronto y comenzó a juguetear con las manos. —Yo… también tengo que decirte algo —musitó—. Es sobre Agnes, la mujer de tu amante. —Habla —espetó la pelirroja—. ¿Qué pasa con esa tipa? Creí que ya no eran amigas. Me dijiste que dejaste de hablarle hace mucho. —Es verdad. Corté mi amistad con ella y me fui sin decirle nada, pero… —apretó los dientes— cuando regresé y visité la casa de mi prometido, ¿adivina con quién me encontré? —No me digas… —Esa mugrosa es la sirvienta personal de Ryan —golpeó la mesa con rabia—. Ya te imaginarás cómo me sentí. —Espera un momento, Dafne. ¿Cómo no sabías dónde trabajaba esa tipa si se suponía que debías averiguar todo sobre ella? Hasta ese dato era importante. —¿Creíste que iba a tener presentes tonterías así? —replicó con desdén—.

