No había pegado ojo desde que se había acostado sin siquiera terminar de ver la película. No podía. No podía hacerlo estando solo allí y sintiendo que si cerraba los ojos terminaría con una de las tantas pesadillas que había tenido desde que había ido a la casa de Harrison. No podía. No quería. Apretó fuertemente las sabanas que lo cubrían cerca de su rostro. Se sentía impotente y no lo quería. Escuchó abrirse la puerta de su habitación, pero no se giró, tampoco lo hizo cuando sintió a Harrison meterse en la cama y acercando su cuerpo al de él, sintiendo así segundos después, el calor del cuerpo de él y sus brazos rodearlo. –No has podido pegar ojo ¿verdad? –le preguntó, susurrándole en el oído, pero él no se giró dado que estaba acostado hacia el lado contrario a él –Lo siento –cont

