UNA REUNIÓN.

1610 Words
Pasó una semana donde la búsqueda se profundizó, pero no tenían noticias alentadoras y las cosas con Mía se estaban saliendo de control. Ella insistía en que era la viuda y heredera de todo y cada día actuaba más insoportable. —Espero que hayas venido a este lugar para informarme sobre el destino que está por tomar la empresa, pues si no lo sabes, todo se está saliendo de control. —Tienes razón y por eso he organizado una reunión para el viernes. —¿Vas a leer el testamento? Dylan la miró con rabia y colocó en blanco sus ojos —¡No hay testamento! —¿Entonces para qué será la reunión? —Junto a los padres de Starling hemos decidido dejar el manejo y control de la empresa en manos de los herederos que dejó mi amigo. —¡Es lo correcto! —celebró descaradamente con una amplía sonrisa y aplausos de emoción. —Te ves feliz. Solo hasta ese momento intentó disimular su alegría, pero ya era más que obvio su total desinterés. —Siento que llevando la empresa a la cima, honraré el nombre de mi difunto esposo —termino colocando la mano en su pecho. Él solo podía observar lo feliz que se veía —Él se mantuvo en la cima hasta el último momento. —Es lo que seguirá sucediendo con la empresa ¿Ya puedo tomar el control absoluto? Moviendo su rostro de un lado a otro, la miraba con indignación. —Hasta que no se lleve a cabo la reunión del viernes, todo se quedará tal como está hasta ahora. —No entiendo por qué tantas formalidades. Su esposa fui yo y por eso soy la heredera. Dylan caminó hacia ella y en esa ocasión la risa sarcástica estaba en su rostro —No todo es lo que parece —terminó palpando su hombro —No volveremos a encontrarnos el viernes. —¿Por qué no te caigo bien? —reprochó tratando de victimizarse —Creo que estamos del mismo lado y sería mejor para ambos llevar la fiesta en paz. —¿Por qué crees que no me caes bien? —respondió con una pregunta. —No quieras cambiar las cosas. Desde el primer momento en el que me casé con tu amigo me observas raro. —Te voy a hacer muy sincero en el día de hoy. Si lo hice de esa manera es porque no estaba de acuerdo con su matrimonio y aún continuó en la misma posición. Ella rápidamente dejó ver su descontento, mirándolo con el ceño fruncido y en forma de reto. —Siendo de esa manera, te informo que es muy tarde, pues aún esté en desacuerdo. Te recuerdo que yo soy su esposa. —Pienso que se nos hizo tarde a los dos, también a mi amigo, que ya quizás esté muerto, pero en la próxima reunión te darás cuenta del porqué de mi desacuerdo. —¡Bla, bla, bla! —se quedó haciendo gestos de desagrados, mientras él iba de salida, sin intentar siquiera mirar hacia donde ella se encontraba. El padre de Mía, estuvo en todo momento escuchando la conversación y después de verlo partir, se acercó algo incómodo por lo que había escuchado. —A ese hombre no le gustas para nada, y no le importa dejarlo muy claro. —Lo que ese hombre piense, diga o crea no me interesa para nada. —Deberías tomarlo en serio, pienso y estoy casi seguro que tiene información que desconoces y está tratando de usarla en tu contra. En ese momento ella pensó en Víctor, en todo lo que había planeado en su compañía, su aventura en secreto y sintió un pequeño mareo en su cabeza que casi la llevó al suelo, pero por fortuna su padre llegó a tiempo y logró sostenerla. —¿Estás bien hija? —Nada está bien, padre. Ahora no podré estar tranquila hasta esa reunión ¿Por qué esperar tanto? Siento que aunque era su esposa, sigo siendo un cero a la izquierda y lo que diga, piense o sienta a nadie más que a ti le importa. —No es momento de que te sientas débil, ahora es cuando más fuerza debes tener para reclamar lo que te pertenece como viuda y única heredera. Ya ves que ese hombre Dylan es lo que quizás quiere. Debilitarte para apoderarse de todo. —No se lo voy a permitir. —No lo vamos a permitir. Como en esa reunión estarán sus representantes y sus abogados, quiero que le exijas llevar tus propios abogados. Yo me pondré en contacto con los abogados de la familia para que todo esté de acuerdo a la ley, estoy casi seguro que esa gente está tramando algo. Ella miró a su padre y le agradeció, pues no tenía ni idea de lo que podía suceder y se mantenía con miedo de ser descubierta, pero tener a su padre cerca le ayudaba en esos asuntos legales que desconocía por completo. Mientras después de su partida, Dylan se reunió con los padres de Starling. A él no le gustaba reunirse con ellos, ya que su rostro de tristeza le rompía el alma y no sabía cuáles eran las palabras correctas para expresar en ese momento tan difícil. —Me acabo de reunir con Mía y va a estar presente en una reunión que se llevará a cabo el día viernes. He venido a visitarlos porque también deben estar presentes. —Lo único que deseo escuchar es noticias sobre mi hijo, no quiero saber de reuniones, ni de herencia, ni de empresas… No quiero saber nada —expresó Octavio viéndose fatal, como si estuviera muerto en vida. —Yo opino igual, cada día tomo asiento frente a la puerta esperando que se abra y que sea mi hijo quien entra abriendo los brazos para refugiarse en mi regazo como solía hacerlo cuando era un adolescente. —Entiendo y comparto el bajón de emociones que deben tener en este momento, pero le aclaro que deben estar presentes, ya que los temas a tomar son de suma importancia y deben estar al tanto de todo. Octavio lo observó a los ojos y al ver la seriedad que traía, asintió con la cabeza. —Voy a estar presente para apoyarte como siempre lo hizo mi hijo, pero lo único que te voy a pedir es que no nos dejes en el medio con responsabilidades. No en este momento. —Debo informarle que las obligaciones que tiene la empresa deben seguir. Solo ha pasado una semana de la ausencia de mi hermano —él apretó fuerte sus ojos demostrando dolor —Y la empresa va en declive, pero lo que menos me gusta de todo, es que la competencia ha ido creciendo. —Vuelvo y te repito, no me interesa la competencia ni la empresa. Solo quiero vivir mi duelo hasta morir de dolor. —No pienso lo mismo. —se acercó y lo tocó en el hombro —pues mi amigo luchó hasta el último instante para mantener la empresa de pie y pienso que no debemos dejarla caer. La señora Estela caminó hacia su esposo y acarició su espalda de manera tierna. —Él tiene razón, de alguna manera debemos seguir con lo que inició y tanto le apasionaba. —Después de entregar formalmente lo que le corresponde a quién fue su esposa, solo deseo delegarte a ti ese trabajo, pues también pienso que lo honraría dejando a su mejor amigo y la persona que siempre estuvo cerca a cargo de sus sueños. —Yo necesito que estén presente en esa reunión, hay cosas que ustedes no conocen y ese día es cuando la podrán conocer con todo y explicaciones. —¿Se trata del paradero de mi hijo? —Estela se acercó y sostuvo sus manos. —Se trata de su hijo y de algo que quizás le devolverá un poco de felicidad. —Te veo y me llega su rostro a la mente como si estuviera presente. —Como bien ustedes saben, Starling y yo estuvimos juntos desde adolescentes, nunca lo nombré mi amigo, porque mi corazón y el afecto hacia él, fue de admiración, respeto, pero también cuidados excesivos. Les puedo confesar que quiero a mi amigo y hermano más que cualquier familiar que tenga cerca y con respeto a todo lo que sucedió, lo único que deseo es mantener una llama de alegría en su familia como se le he prometido. —Las palabras que acabas de decir están de más en este momento, pues conocemos la gran admiración y respeto que se tenían. —Solo se la recuerdo una vez más, por la decisión que he tomado, pues aunque sea la correcta, es como dice Mía, yo no soy parte de esta familia. —Claro que eres parte de esta familia, no debe haber un lazo de sangre para que sea posible. Si a alguien me gustaría nombrar como heredero de todo lo que mi hijo ha dejado, sería a ti, así que ni ella ni nadie te puede poner al menos. ¡No mientras yo esté vivo —reclamó molesto el señor Octavio por la manera en la que últimamente se estaba comportando Mía! —Cuento con su presencia el día viernes. Él le dejó un sobre con la dirección detallada, los números de teléfono de los abogados que estaba utilizando en ese momento y después de decirle que tendría un viaje de algunos días fueras de la ciudad, se marchó con el corazón roto al ver la tristeza tan profunda que tenían marcado los ojos de dos señores mayores de edad.
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