Pasó una semana y Amalia seguía triste, pero decidió mantenerse ocupada en la cocina y todo lo que estuviera necesitando en el momento. Su esfuerzo fue tanto, que solo en una semana las ventas habían crecido notablemente y esto fue de gran alegría para Henry.
—¿Acaso tiene superpoderes? Has logrado en una semana lo que no pude hacer en meses.
—El ingrediente principal es nuestro positivismo. Te informo que es nuestra mayor arma y la que más nos cuesta utilizar.
Él estaba mirando la manera tan organizada que ella llevaba las cuentas, compras, pedidos y demás. Eso lo dejó deslumbrado.
—También se necesita un cerebro tan brillante como el tuyo ¿Qué tal si cenamos juntos esta noche?
Ella no sabía cómo tomar la invitación y de inmediato su rostro se sonrojó.
—¿Debo hacerlo?
Él sintió su incomodidad y se acercó a ella —No te estoy dando una orden preciosa, solo quiero que te sientas cómoda con tu jefe y para que eso suceda tenemos que conocernos más.
Hasta ese momento asomó una sonrisa —¿Lo podemos hacer en el restaurante? Así conoces el nuevo método que acabo de implementar en los servicios.
—Genial. Nos encontraremos esta noche.
Henry se fue silbando de la emoción y Amalia quedó feliz por haber cumplido con su parte de ser buena empleada.
Ella dejó todo organizado y pasó por su casa a tomar un baño y no verse mal para la reunión con su jefe.
—¿Por qué permaneces de pie? Te dejé claro que tendríamos una cena.
Ella tomó asiento —¡Muchas gracias por la invitación!
—Espero que sientas comodidad, abandones tu papel de empleada y tomes el de mi invitada especial.
Él lanzó una mirada algo coqueta que la hizo sentir incomodidad, así que tomó su copa y sirvió, jugó.
—¿A dónde quieres llegar con todo esto? Acabo de notar que tu mirada no es para una empleada.
—¡Astuta! Es lo que me llama la atención de tu persona, aparte de la belleza clara.
—Mi astucia fue el arma que utilicé para organizar cada día laboral en el restaurante y pienso que todo va sobré ruedas.
Aunque Henry deseaba coquetear ella solo hablaba de trabajo y proyectos a futuro, hasta que se decidió a ir al grano.
—¿Estás soltera? —preguntó saliendo de contexto y de la conversación inicial.
—Actualmente huyendo de mi esposo contractual, embarazada y con deseos de buenos recursos para no incumplir con el tratamiento de mi madre, quien se encuentra recluida en una clínica mental —terminó con un suspiro largo y una sonrisa fingida.
Esa noche Henry no supo qué decir y solo se quedó en silencio, pero juntos trabajando de la mano hicieron que aquel restaurante creciera notablemente.
Cuatro meses después ya era un restaurante reconocido y los clientes estaban más que complacidos del excelente servicio. No solo creció el restaurante, también el vínculo entre ellos, se hicieron cercanos y Henry siempre estaba atento a Amalia.
—Ya viene fin de mes y siento que trabajas demasiado, estoy pensando en contratar a una persona para qué te ayudé.
—Prefiero mantenerme ocupada, así que no te preocupes por mí.
—Amalia, no seas necia, en unas semanas nacerá Steve y tienes que estar fuerte para el postparto.
Ella lo miró con dulzura —Gracias por preocuparte por nosotros, pero solo dejaré que las cosas pasen de manera natural.
Él la tomó con sutileza y la sentó en la silla que les quedaba al frente —¿Y lo natural es trabajar hasta el cansancio? ¿Llegar a tu casa a dormir sin sentir los pies por pasar todo el día lidiando con la cocina, clientes y pedidos?
—Es de la manera en la que me siento bien.
—Pero no es la manera que te hará bien.
—Okay Henry. En pocos días abrirás una extensión del restaurante en otra ciudad ¿Quién se va a quedar al frente de este lugar mientras no estemos presentes?
—Te he dicho que no abriré nada hasta que tengas al niño. Me niego a dejarte sola.
Ella lo miró con dulzura —¡Muchas gracias!
Henry perdido en su profunda mirada, le dio un tierno beso, y ella se paró de la silla enojada.
—¡No lo vuelvas a hacer! Ya te he dejado claro que no deseo herirte y con estas cosas te puedo confundir.
—Tranquila, ya te he dicho que te esperaré el tiempo que sea necesario. Perdón por el impulso, pero es casi imposible resistirse a tus encantos.
Ella lo miró y no pudo dejar de sentir culpa por actuar de manera fría, pero su corazón estaba cerrado y como con brujería, reservado para el hombre más cobarde y cruel de su mundo.
Ese día sus corazones estaban conectados, pues Starling miraba por la ventana mientras recordaba aquellos hermosos ojos.
—Aquí estoy —se presentó Dylan con algunos documentos en las manos.
—¿Sabes algo sobre ella?
—¿Sobré Mía? —él lo miró como si deseaba matarlo.
—Me refiero a Amalia. Han pasado meses desde la última vez que la vi. Pensaba que regresaría a implorar una segunda oportunidad y no fue así.
—Ella desapareció —Dylan conocía el paradero de Amalia, pero como le prometió mantenerse en silencio, debió cumplirlo.
—¿Dónde estará?
Dylan lo miró mientras viajaba en su mente un mes atrás y recordó la reunión que tuvieron.
*Flashback*
—¡Amalia!
Ella se sorprendió demasiado, incluso casi cae desmayada.
—Yo…
—Tranquila, yo jamás te haría daño. ¿Cómo están?
Ella acarició su vientre —Sobreviviendo. ¿Qué haces aquí?
—Te recuerdo que llevas a mi sobrino en tu vientre y jamás perdería su pista.
—¡Por favor no nos hagas daño! Prometo huir y no aparecer jamás en sus vidas.
—¿De qué hablas? Jamás dañaría a mi sobrino.
—¡Él me pidió abortar y yo, y yo…!
Ver tanta desesperación en sus ojos dejaron a Dylan sin palabras y con un nudo en el pecho, así que se acercó y tomó su mano.
—Solo fue un momento de desesperación y confusión. Él jamás dañaría a su propio hijo.
—¿Él dijo eso?
—Yo lo conozco desde siempre.
—Él no me importa, aquí lo único que me importa es mi hijo y su bienestar. Le puedes decir que jamás pasará vergüenza por nuestra culpa.
Dylan no permitió que terminara de hablar y tomó su mano —¿Qué están necesitando? Yo he venido hasta aquí para que estén bien.
Ella con toda su ingenuidad lo miró a los ojos —Lo único que necesito es que no le digas a ese hombre dónde estamos.
—No lo haré, pero también vine a traer ayuda económica.
—¡No quiero! Yo tendré a mi hijo por compromiso propio y trabajaré por él y para él.
—Toma —él le entregó un sobre amarillo con dinero.
—No —ella intentó devolverlo.
—No seas infantil, sabes que ese niño necesitará de cuidados especiales y eso demanda dinero ¿Por qué no utilizas el dinero que tienes en tus cuentas? Ese dinero te pertenece en su totalidad y creo que lo estás necesitando.
—Porque no quiero nada de ese hombre. Porque no necesito nada que no gane con mi propio esfuerzo.
—Entiendo tu enojo, pero de no aceptar la ayuda del tío, tendré que hablar con los abuelos del bebé. Yo solo quiero ayudarte y por muy estúpido que sea mi amigo. Ese niño es un Jones.
Ella lo miró aterrada —¿No le dirás qué estoy en este lugar?
—No
—¿Lo prometes?
—Lo prometo, pero necesito mantener comunicación contigo en todo momento. De verdad me interesa su bienestar.
—Voy a confiar en ti.
—Prometo no fallar.
—¡Dios, Dylan, él es tu amigo y hermano! ¡Tengo miedo!
Dylan se acercó y tocó su vientre —Y este bebé que crece en tu interior es mi sobrino o sobrina.
—Sobrino. Lo nombré Steve.
Ese día Dylan estuvo frente a una mujer sin ambiciones que le robó por completo su corazón. De sus ojos salía miedo y aun así confío en él, así que no estaba dispuesto a una traición.
*Fin del Flashback*
—¿Ahora te volviste sordo? —le gritó haciendo que saliera de sus pensamientos.
—¿Qué dijiste?
—¡Nada! ¡No dije nada Dylan! ¿Al menos me has traído el documento que te pedí?
—De eso he venido a hablar. Tu matrimonio con Mía es nulo.
—¡Qué! —brincó de alegría —¿Cómo lo has conseguido? ¡Eres el mejor! —él se acercó y revisó el documento.
—Como puedes ver. Tu matrimonio con Amelia es legítimo y en las cláusulas dice que debe pasar un año antes de ser anulado —él colocó la mano al frente antes de ser atacado por su amigo —Te recuerdo que tú lo pediste así para que tu padre no perdiera la confianza en ti.
—Esto es perfecto.
—¿Qué dirá esa mujer cuando se entere de que no la tocas, no la miras y encima no están casados legalmente?
—No me importa lo que diga. Aquí lo importante es que cumplí con las estúpidas peticiones de mi padre. Lo único que necesito que arreglemos es no salir perjudicado como bígamo, esto puede ser muy serio.
—Todo está bajo control.
Starlin cerró fuerte su puño y estaba realmente feliz, pues aunque se había casado con esa mujer, era a quien más detestaba.