Seis

1554 Words
«En esta vida algunos hombres nacen mediocres, otros logran mediocridad y a otros la mediocridad les cae encima». Joseph Heller ***** POV Amelia Un seis. La calificación de uno de los exámenes más importantes del semestre lo había aprobado con un miserable «seis» que me dañaba el promedio. Pero es que lo había contestado todo bien, o casi todo.  Bueno, la mayoría. El fin de semana quise estudiar luego de dejar la casa de Nyx, pero no me concentraba. Me sentía extraña, inquieta y desesperada, y con un fuerte dolor de cabeza, y lo poco que pude contestar de la prueba fue lo que mi cerebro quiso entender de todo lo que estudié. Me daba rabia conmigo misma, porque todo lo que estaba en la prueba ¡yo lo había leído! Pero no recordaba nada, apenas uno que otro vestigio de información se asomaba en mi cabeza, pero la frustración no me dejó organizar mis ideas y terminé la prueba de mala gana. Y allí estaba el resultado. Un mediocre seis de diez.  Arrugué la hoja del examen y la tiré a un cesto de basura de la cafetería. Una baja calificación no era suficiente para eliminar mi hambre, así que me formé en una fila para comprar una porción de pastel y un café. Mientras esperaba, la fila se hizo más larga, pero avanzaba rápido, y de pronto sentí aire caliente en mi oreja, y volteé y los manchados ojos de Leonard me sorprendieron. Chillé asustada y él rió con malicia, y de más atrás apareció Ahrianna, bufando. No quería verla, su presencia me incomodaba. —Sí sí, Ragnar, muy efectivo… —Él no puede acercarse de esa manera. Mejor dicho, no debe, asustas, Leo —aclaré hacia Ahrianna, aunque miré al susodicho a los ojos.  —Mientras más se lo hagas saber, más lo hará —acotó ella.  —Tan cierto… ¿Y esto, Princesa? Levantó una hoja arrugada y la reconocí como mi prueba casi reprobada. Me faltó poco para arrancársela de la mano.  —¿Qué haces con eso? Bótalo —gimoteé, avergonzada—. Estaba en la basura…  —Lo sé, un asco, como tu calificación… Si me hablaba de nuevo, lo ignoraría. —¿Y eso? Si en la prepa sacabas puros diez —recordó Ari, y no me hizo sentir mejor. —No sé, no estudié bien, no me aprendí nada. —Suerte los que van en primer semestre, preocúpense cuando lleguen a quinto y saquen cinco o menos. —Quiero tener un buen promedio, no una cochinada de seis —enfaticé, fingiendo una sonrisa irónica. —Bueno, algunos sacrifican su vida social por un óptimo rendimiento académico o viceversa. ¿Qué vas a sacrificar tú, Princesa? Lo dijo con un tono tan seguro y sombrío, que me quedé sin palabras y con un horrible escalofrío por todo el cuerpo. ¿De verdad debía sacrificar algo? —Te toca comprar, Amy. Había estado hablando —o defendiéndome— tan ajena a mi alrededor, que no me fijé cuando estaba de primera en la fila. Pedí mi dulce merienda y un café para Ahrianna, pagué y Leonard nos estaba apartando una mesa para los tres. —¿Y no hay café para mí? —No avisaste… —chistó su prima, bebió de su vaso y se lo ofreció. —Tan bella mi prima… Sé que lo escupiste, pero no me da asco. El muchacho agarró el vaso y bebió sin aversión. Yo dejé de comer y beber, tal vez no vi explícitamente lo sucedido, pero imaginarlo sí me repugnó. —Eres un puto cerdo, Leo —masculló Ahrianna y le quitó el vaso. Leonard rió y nos avisó que tenía clases, se despidió de su prima y a mí me dio un apretado y ruidoso beso en la mejilla, que me dejó el oído sordo. —Le gustas mucho, muuucho a Leo. —¿En serio escupiste en el café? Ella se hundió de hombros y volvió a tomárselo. Volteé los ojos y miré a otra parte. —Deberías decirle a Nyx que venga a marcar territorio. «¿Para qué? ¿Para que lo veas y pienses en lo "bello" que es? ¡No!». Resoplé, queriendo demostrar que mi incomodidad era mayor a la de antes y me quedé callada. —Estás como rara… —detalló Ahrianna, con sus ojos olivas bien fijos en mí—. Entiendo que te moleste lo de tus calificaciones, pero debo ser sincera contigo… —A ver, dime, porque la sinceridad es algo nuevo y recurrente en ti en estos últimos días —entoné con odiosidad. Abrió mucho los ojos y se enderezó en la silla. —Okey, sí, ese balazo sí lo recibí. ¿Hice algo malo? Porque lo que estoy a punto de hacer es peor… —advirtió y alzó una ceja. Suspiré y miré hacia arriba, como si pudiese ver el cielo a través del techo. ¿Ahora qué? —Estoy estresada, es todo —me excusé.  —Pues, que estas últimas semanas te las has pasado aquí en la universidad, con mi primo, y a mí eso me da muy igual ¿okey? Eso que te la pases con Leonard, o sea, él es muy relajado y toda la cosa, medio hippie y eso… Pero… ¿No crees que estás fumando mucho? —No sé de qué hablas. Además, lo que yo haga no debería afectarte.  ¿Es que con qué moral me iba a decir eso? Si ella fue quien me adentró al psicodélico mundo del cannabis y ahora su primo me guiaba en él.  —Además, creo que lo tuyo son celos —agregué y me levanté de la silla. —¿Celos de qué o de quién? ¿Leonard? Es mi primo, ¡guácala! —negó y se sacudió en la silla. —Pues, no sé. Ahí se bebió tu saliva sin asco alguno… Me tengo que ir. Guindé mi mochila en mi espalda y cogí mi merienda, me sorprendía el descaro de ella… Primero queriendo ver a mi novio y ahora celándome de su primo. ¡Loca! ¡Como si yo tuviese algo con él! Me fui a la siguiente clase, que comenzaba en media hora, pero no estaba de ánimo para lidiar con Ahrianna. Prefería quedarme sola, sentada en un aula vacía, que tenerla de frente sacándome temas de conversaciones absurdos, y yo fingiendo que no me molestaba su descaro. Y es que todavía lo recordaba… Bueno, no lo recordaba mucho, mi mente se tornaba pesada cada vez que trataba de reproducir la memoria, pero sí tenía bien fresquita la imagen de ella besando a Nyx. ¡Ella nunca había besado a Nyx en la mejilla! Y es que mi recuerdo era tan idéntico a los hechos, que todavía sentía las ganas de estamparle una cachetada a esa abusadora. «¡El novio de tu amiga es intocable! ¡Impensable! ¡Inamigable! Entiéndelo, Ahrianna». Me recosté de la tabla del escritorio, repiqueteando los dedos y mirando a través de ellos hacia la puerta, y al rato llegaron más alumnos y de último el profesor. Una clase más y podría irme al hotel… Al carajo. Qué hotel y qué nada. Cuando salí de la universidad me fui a caminar por un parque. Llamé a mi hermana para desahogarme con ella, pero estaba en clases. Llamé a Nyx, pero su celular repicó y repicó, y repicó… Y me saludó fue su voz grabada en la contestadora. Debía estar ocupado. «¿Mi papá estará en su hotel? Debe estarlo, él siempre está trabajando».  Lo pensé de manera fugaz, pero sonó como una terrible idea, así que terminé yéndome al hotel de Khaled. Me disculpé con mi madre por llegar tarde, pero a ella no pareció importarle mucho. Sacaba cuentas y murmuraba las cantidades mientras las tecleaba en el ordenador, todo muy calculado y sistematizado. —Mami… —…seiscientos cuarenta y nueve… Dime, mi niña. —¿Alguna vez te sentiste insegura con respecto a mi papá? Ella siguió murmurando números y se detuvo como si se hubiese tropezado con algo. —¿Cómo? ¿De que no me quiera? —Sí. —No, para nada. Tu papá es muy seguro de sí, y yo confío en él. Por eso me dolió mucho su actitud tan egoísta hacia ti.  Yo siempre había visto a mis padres convivir de forma muy cariñosa. A pesar del carácter cascarrabias de papá, mi mamá era el contraste suave y dulcito que lo apaciguaba. Ambos se equilibraban y complementaban. —¿... tienes dudas de Nykolas? —No. Bueno, no sé… Es-está distante, pero yo entiendo que es por su trabajo —acepté, resignada—. Está ocupado y aún no me acostumbro a que no está presente al segundo de yo buscarlo.  —La gente tiene ocupaciones, y no todos tienen la suerte de tener un trabajo de medio tiempo en el que llegan tarde y no lo amonestan. Bajé la cabeza y me mordí la boca, eso lo había sentido directito. —Llegué tarde por culpa de Liss, tenía clases; y si me hubiese atendido la llamada, no hubiese venido y estuviese en el parque hablando con ella. —Descarada —chilló mi madre. Luego comenzó a reírse y fue cuando solté la carcajada. Tan descarada no era…
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