Madison No sé cuán tarde era cuando abrí los ojos, pero los rayos de sol eran tan fuertes que tuve que cerrarlos de nuevo. —¿Por qué están las persianas subidas? —pregunté a nadie en particular. Estaba sola..., ¿no? —Mad, me lo pediste tú. Y entonces lo recordé. Hugo, claro. Anoche formamos una especie de burbuja aquí dentro, tan resistente que ni me dejó salir de su cuarto para dormir en el mío. Le recuerdo pidiéndome que me quedase con él, que quería tenerme cerca para averiguar qué coño le pasaba, pero yo me negué, por algo que le dije de no forzar más la situación entre nosotros, que teníamos que ser profesionales. Já. Tonta de mí. Minutos más tarde estaba tragándome mis palabras y metiéndome en su cama. Hugo me miraba cuando volví a abrir los ojos. Su iris azul oscuro me recordó

