Madison Hugo no estaba en la cama cuando me desperté, pero algo me decía que no había salido de la habitación. No sería capaz de marcharse después de lo de anoche..., ¿verdad? Busqué por la cama algo con lo que poder taparme para ir a buscarle, pero no sirvió de mucho; toda la ropa estaba tirada por el suelo. O, al menos, lo estaba mi ropa, porque la de Hugo había desaparecido. «¿Dónde demonios estaba?» Al final opté por enrollar la sábana alrededor de mi cuerpo como un vestido, porque ahora mismo me parecía una perdida de tiempo ponerme el de anoche. Tenía que encontrar a Hugo. Y, para mi total alivio, no tardé mucho. Su voz me llegó algo ahogada desde la terraza; estaba hablando por teléfono y había cerrado las puertas, seguramente para no hacer ruido y despertarme. Me acerqué a

