Jonathan Los últimos dos meses habían sido una montaña rusa de emociones, estados de ánimo y salud. Hubo días difíciles, en los que el miedo y la incertidumbre parecían devorarlo todo, pero también momentos en los que la esperanza brillaba con más fuerza. Afortunadamente, los días buenos superaban a los malos. Eliza aún llevaba las huellas visibles de la enfermedad y del tratamiento, pero cada día era un paso adelante. Su piel había recuperado algo de color, su cuerpo, aunque aún frágil, estaba más fuerte. Ya toleraba toda la comida sin malestar, había ganado algo de peso y los dolores no eran tan intensos. Incluso podía dormir toda la noche sin interrupciones, lo que era un alivio para ambos. Verla mejorar, aunque fuera poco a poco, llenaba mi pecho de un orgullo difícil de expresar en

