Jonathan Mis ojos no podían apartarse de ella. Nunca había sido capaz de hacerlo, de todos modos. Eliza tenía esa extraña cualidad de atrapar mi mirada sin esfuerzo, de absorber todo lo que me rodeaba hasta convertirme en un hombre sin defensas. Ella era… Todo lo que alguna vez soñé y más. Y era mía. Mi esposa. Después de todo lo que habíamos pasado, de cada batalla librada, de cada noche de miedo y esperanza, lo único que podía decir con certeza era que la amaba aún más. Más de lo que creía posible, más de lo que mi pecho podía soportar. Y, joder, si no se veía hermosa con ese vestido lila. Una diosa. El color acariciaba su piel como si hubiera sido creado solo para ella. Resaltaba la suavidad de sus hombros, la curva delicada de su cuello, la forma en que sus ojos brillaban con

